Francisco León Román
Poeta recién llegado
Quiero que empecemos a hablar claro, sin mentiras, sin verdades a medias, sin conceptos ambiguos.
Quiero que me digas y desdigas lo que piensas, que afloren en ti sentimientos, o no.
Que tu mirada altiva se disipe, quiero ver tus ojos de verdad.
Sabes lo que siento, y no me das una respuesta, con un no es suficiente.
Suficiente para permitirme superar una partida inesperada de aquel ser que vislumbra mis días,
mientras yo obnubilo los suyos.
Quiero creer que es mi despedida, no de ti, sino de cierta parte de mí, tan efímera como ineludible.
No te mentiré, fui feliz con la ilusión que creé de ti.
La felicidad era únicamente mía o al menos, es lo que considero.
No te culpo por nada, después de todo hubiera sido imposible no enamorarme de ti.
De tu destello de amor marchito, de tu veleidad, frivolidad y tus caricias.
Aquel roce de piel que deja un efluvio afable y desconcertante, generador de vida.
Pues eso eras para mí, mi retorno a la vida y ahora que decido alejarme te conviertes en mi condena.
Dudo el tiempo que tardaré en olvidarte, en dejar de sentirte, en enfocarme en mi ser.
Dejar de sentir que eres mía en mis sueños, únicamente en los míos.
Pasar de mi eres a un fuiste, y volver a descubrir la luz dentro de tanta sombra,
dejar de sentir lo que siento, o al menos apaciguarlo.
Olvidarme de cierta concepción propia del amor, de ti y tu eterna mirada clemente.
Esa mirada que jamás será mía, aunque me refleje en ella eternamente.
Quiero que me digas y desdigas lo que piensas, que afloren en ti sentimientos, o no.
Que tu mirada altiva se disipe, quiero ver tus ojos de verdad.
Sabes lo que siento, y no me das una respuesta, con un no es suficiente.
Suficiente para permitirme superar una partida inesperada de aquel ser que vislumbra mis días,
mientras yo obnubilo los suyos.
Quiero creer que es mi despedida, no de ti, sino de cierta parte de mí, tan efímera como ineludible.
No te mentiré, fui feliz con la ilusión que creé de ti.
La felicidad era únicamente mía o al menos, es lo que considero.
No te culpo por nada, después de todo hubiera sido imposible no enamorarme de ti.
De tu destello de amor marchito, de tu veleidad, frivolidad y tus caricias.
Aquel roce de piel que deja un efluvio afable y desconcertante, generador de vida.
Pues eso eras para mí, mi retorno a la vida y ahora que decido alejarme te conviertes en mi condena.
Dudo el tiempo que tardaré en olvidarte, en dejar de sentirte, en enfocarme en mi ser.
Dejar de sentir que eres mía en mis sueños, únicamente en los míos.
Pasar de mi eres a un fuiste, y volver a descubrir la luz dentro de tanta sombra,
dejar de sentir lo que siento, o al menos apaciguarlo.
Olvidarme de cierta concepción propia del amor, de ti y tu eterna mirada clemente.
Esa mirada que jamás será mía, aunque me refleje en ella eternamente.
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