Musquil Baldosa
Poeta recién llegado
Flotando sobre la luz de la mañana
que transpira la débil voluntad de la persiana
navega el rumor de un nuevo día
que acaricia con sus dedos empolvados de sol,
y con la llama prendida de su colorido farol
el tinte de penumbra que reina todavía
Y explotan mis ojos cansados de soñar
y se riega mí vista en un intento por bañar
las sombras ocultas de una noche manchada
por las cenizas frías de un pasado de derrota
y con un amanecer perdido en el fragor de la alborada
desgarro el letargo del miedo que me brota
Y en franca lucha me despojo de la ropa,
del cabello, de la piel y de la carne que me arropa
dejando el alma desnuda ante el inmaculado brillo
no del día, cual agua cristalina de un grifo abierto
si no ante el suave ronquido de ese hermoso chiquillo
que duerme en el vientre que beso, cada vez que despierto
que transpira la débil voluntad de la persiana
navega el rumor de un nuevo día
que acaricia con sus dedos empolvados de sol,
y con la llama prendida de su colorido farol
el tinte de penumbra que reina todavía
Y explotan mis ojos cansados de soñar
y se riega mí vista en un intento por bañar
las sombras ocultas de una noche manchada
por las cenizas frías de un pasado de derrota
y con un amanecer perdido en el fragor de la alborada
desgarro el letargo del miedo que me brota
Y en franca lucha me despojo de la ropa,
del cabello, de la piel y de la carne que me arropa
dejando el alma desnuda ante el inmaculado brillo
no del día, cual agua cristalina de un grifo abierto
si no ante el suave ronquido de ese hermoso chiquillo
que duerme en el vientre que beso, cada vez que despierto
Musquil Baldosa