Pues sí…desde septiembre no te escribo. Pero no pienses ni por un instante que te he abandonado. Dormido. Drogado. Hundido. Agonizando. Así te sentía. Pero no tenías por qué, nene. Yo seguía aquí, pero en blanco como el folio que te brindo. Y consuélate porque he vuelto para quedarme. Sí, no te muestres pesimista ni desconfiado. Te lo estoy diciendo. Vengo para quedarme. No pienses que te dejé por otro ni que tuve una etapa felíz, no, no, no. Fue un simple e instintivo egoísmo. Contigo. Tú que eres mi espejo, mi respirar, mi cocodrilo al amanecer. Egoísta como el niño que no suelta el chupete; o como la lluvia en un día gris; como la hormiga que almacena tus migajas y el viejo que no mira sus arrugas. Espero que sepas lo que digo, pues un comercial como tú, avispado, que se pasa todo el día cambiando oro por euros y euros por oro, tiene que entende esto a la primera.
Ahora te escribo, a la misma hora de siempre, pero con un alma nueva. ¡Eterna dualidad la del alma y el cuerpo! Aunque no tengas ojos para ver los míos, eres el único que sientes lo que esconden. Tú no entiendes de formas ni colores, excusas ni pretextos, pero de zapatos de tacón, de brujas, de arpías y lloronas, de olor a tierra mojada, de eso lo sabes todo. Ya no estoy triste, tú eso lo percibiste ya desde la primera línea de este monólogo absurdo. Y eso vengo a decirte. He cambiado la luna por el sol. El cine por la prensa. La boa por el sombrero. Ya estoy aquí, bueno allá, del otro lado. Sé que te alegras. Sabes que la luna, el cine y la boa están conmigo, aunque me haga la tonta. Yo sólo quería complacerte. No supe hacerlo. Y tú no decías nada, pero reflejabas todo. Te alegras de mi sol, mi prensa y mi sombrero. Lo percibo. No tienes ningún motivo para ocultarlo, venga quiero ayudarte. Sal de donde te escondes y dilo bien alto: SOY FELIZ.
Ahora te escribo, a la misma hora de siempre, pero con un alma nueva. ¡Eterna dualidad la del alma y el cuerpo! Aunque no tengas ojos para ver los míos, eres el único que sientes lo que esconden. Tú no entiendes de formas ni colores, excusas ni pretextos, pero de zapatos de tacón, de brujas, de arpías y lloronas, de olor a tierra mojada, de eso lo sabes todo. Ya no estoy triste, tú eso lo percibiste ya desde la primera línea de este monólogo absurdo. Y eso vengo a decirte. He cambiado la luna por el sol. El cine por la prensa. La boa por el sombrero. Ya estoy aquí, bueno allá, del otro lado. Sé que te alegras. Sabes que la luna, el cine y la boa están conmigo, aunque me haga la tonta. Yo sólo quería complacerte. No supe hacerlo. Y tú no decías nada, pero reflejabas todo. Te alegras de mi sol, mi prensa y mi sombrero. Lo percibo. No tienes ningún motivo para ocultarlo, venga quiero ayudarte. Sal de donde te escondes y dilo bien alto: SOY FELIZ.
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