Juan Oriental
Poeta que considera el portal su segunda casa
Por si un día tú quieres visitarme,
me ubicas en el cerro de tu olvido.
Cerca de su cumbre, mejor dicho.
¿Y qué más te diré para orientarte...?
A poco trecho del abismo de la nada.
Allí, donde se abrocha el firmamento
que invoca estremecido tu regreso,
e incendia en sus albores, tu mirada.
¡Ah! Y una señal más que importante:
Tu corazón...tu corazón petrificado,
cincelado entusiasta, allí, en mi patio,
cual otrora dichoso al presagiarme.
A más, hermético desde tu ausencia,
advertirás el relicario de la luna
con foto de los dos, que no abrí nunca
por miedo que tu faz no me sonriera.
Como es inútil negarme tu influencia,
cual inútil trucar mi sentimiento,
daré a mi orgullo fraternal entierro
por no verme besando una quimera.
Por tanto, te espero con tu llave:
de mi alegría, mis besos y mi sexo.
Nunca di puerta a los amores nuevos.
Así que cuando quieras...tú ya sabes.
©Juan Oriental
me ubicas en el cerro de tu olvido.
Cerca de su cumbre, mejor dicho.
¿Y qué más te diré para orientarte...?
A poco trecho del abismo de la nada.
Allí, donde se abrocha el firmamento
que invoca estremecido tu regreso,
e incendia en sus albores, tu mirada.
¡Ah! Y una señal más que importante:
Tu corazón...tu corazón petrificado,
cincelado entusiasta, allí, en mi patio,
cual otrora dichoso al presagiarme.
A más, hermético desde tu ausencia,
advertirás el relicario de la luna
con foto de los dos, que no abrí nunca
por miedo que tu faz no me sonriera.
Como es inútil negarme tu influencia,
cual inútil trucar mi sentimiento,
daré a mi orgullo fraternal entierro
por no verme besando una quimera.
Por tanto, te espero con tu llave:
de mi alegría, mis besos y mi sexo.
Nunca di puerta a los amores nuevos.
Así que cuando quieras...tú ya sabes.
©Juan Oriental
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