[center:9b6dba370b]Mi ego herido
De tanto vencer en el amor,
mi vanidad se resiste a perder,
en esta batalla y su fragor,
los besos, la razón y la piel.
Acostumbrado a ganar guerras,
ahora, con el escudo herido,
desprotegido de las flechas,
mi orgullo queda en tierra caído.
Siempre de pie frente a la tormenta,
me he visto vencedor y verdugo
de vientos sumidos a la cadencia
de mis versos traidores sin fruto.
Dominador de este vil juego,
conocí la cima de la posesión,
malcriando mi estúpido ego
a la sombra de otro pobre corazón.
Pensando que podía escalar más,
dispensé por doquier, a partes iguales,
altanería y soberbia, para demostrar
valor ante el fuego de todos los lares.
Desnudo y arrogante frente a la costa,
me arrojé sin demora a los acantilados,
seguro de caer en otra cama hermosa,
complacida de recibir mi amor templado.
Harto de mi extrema insolencia,
el niño de las alas y las saetas
me castigó con el dolor de tu ausencia,
con días de hiel y noches desiertas.
Con el alma rota en mil pedazos,
comprendo que abusé de la ternura
de unos labios y unos brazos
entregados a mí hasta la locura.
Ahora que observo mi desaliño,
pido perdón por todo el daño,
sé que nunca merecí el cariño
entregado las noches de tantos años.[/center:9b6dba370b]
De tanto vencer en el amor,
mi vanidad se resiste a perder,
en esta batalla y su fragor,
los besos, la razón y la piel.
Acostumbrado a ganar guerras,
ahora, con el escudo herido,
desprotegido de las flechas,
mi orgullo queda en tierra caído.
Siempre de pie frente a la tormenta,
me he visto vencedor y verdugo
de vientos sumidos a la cadencia
de mis versos traidores sin fruto.
Dominador de este vil juego,
conocí la cima de la posesión,
malcriando mi estúpido ego
a la sombra de otro pobre corazón.
Pensando que podía escalar más,
dispensé por doquier, a partes iguales,
altanería y soberbia, para demostrar
valor ante el fuego de todos los lares.
Desnudo y arrogante frente a la costa,
me arrojé sin demora a los acantilados,
seguro de caer en otra cama hermosa,
complacida de recibir mi amor templado.
Harto de mi extrema insolencia,
el niño de las alas y las saetas
me castigó con el dolor de tu ausencia,
con días de hiel y noches desiertas.
Con el alma rota en mil pedazos,
comprendo que abusé de la ternura
de unos labios y unos brazos
entregados a mí hasta la locura.
Ahora que observo mi desaliño,
pido perdón por todo el daño,
sé que nunca merecí el cariño
entregado las noches de tantos años.[/center:9b6dba370b]