susi underground
Poeta que considera el portal su segunda casa
Cómo casarse con un millonario o, al final, las románticas somos las que más pringamos.
Sueño con un hombre que me libere de la necesidad monetaria.
Ya sé que no es politicamente correcto, ¡pero qué bien viviría!
Pensamientos de este tipo los concebí un día en el que iba cargada
con una enorme maleta que pesaría cerca de cien toneladas.
Un hombre el doble que yo, por ancho y por alto, me ofreció ayuda.
Yo la hubiera aceptado encantada de no ser por mi entrañable amiga,
que portaba un leve maletín con dos o tres libros de lectura
emancipadora de la condicionada condición femenina.
"¡Ya puede ella, so machista...!", le espetó, con su mejor intención,
mi encantadora acompañante desde su posición sin peso ni carga.
Yo la miré desolada, pero no hubo manera, y mi benefactor huyó
con más prisa que desgana perdiéndose por la avenida.
Allí me juré, como Escarlata O'hara en Lo que el viento se llevó,
cerrando el puño con ganas, que me desharía de mi amiga
y buscaría, para llevar mis maletas, un fuerte y gran caparazón.
Sueño con un hombre que me libere de la necesidad monetaria.
Ya sé que no es politicamente correcto, ¡pero qué bien viviría!
Pensamientos de este tipo los concebí un día en el que iba cargada
con una enorme maleta que pesaría cerca de cien toneladas.
Un hombre el doble que yo, por ancho y por alto, me ofreció ayuda.
Yo la hubiera aceptado encantada de no ser por mi entrañable amiga,
que portaba un leve maletín con dos o tres libros de lectura
emancipadora de la condicionada condición femenina.
"¡Ya puede ella, so machista...!", le espetó, con su mejor intención,
mi encantadora acompañante desde su posición sin peso ni carga.
Yo la miré desolada, pero no hubo manera, y mi benefactor huyó
con más prisa que desgana perdiéndose por la avenida.
Allí me juré, como Escarlata O'hara en Lo que el viento se llevó,
cerrando el puño con ganas, que me desharía de mi amiga
y buscaría, para llevar mis maletas, un fuerte y gran caparazón.