Alfredo Grajales Sosa
Poeta que considera el portal su segunda casa
La noche tiende su manto
mi soledad va cubriendo,
las aves van despidiendo
la luz del sol con su canto.
Por mis mejillas el llanto
recorre muy suavemente
va sin prisa, lentamente
hasta rodar en mi pecho
que lo acoge cual su lecho
permaneciendo paciente.
Una caricia indulgente
que a su pesar minimice
que no deje que agonice,
con mucho tacto, prudente.
A continuar que lo aliente
a este corazón herido,
el que por suerte ha tenido
encontrarte en su caminno,
por terquedad y mal tino
yace en el piso tendido.
Pero comprende a Cupido
si no se digna a mirarle,
con algún amor flecharle
o dejarle en el olvido.
El motivo no ha entendido
de enclaustrarlo en el dolor
piedad implora al señor
cada noche cuando reza,
reconoce con torpeza:
ser su enemigo el amor.
Última edición: