Escobedo
Poeta asiduo al portal
Hoy mi guitarra está desafinada.
Las cuerdas de mi alma están tan tensas
que apenas si soporta el diapasón su impulso.
La caja de mi entraña no resuena;
anoche estuve a punto de perderte,
se me escapó la voz, te hablé con fuerza,
también te dije cosas
de esas que se lamentan,
y me ha alcanzado el día arrepentido
desliando mi madeja.
Hoy mi guitarra ya no suena dulce.
Yo trato de afinar cuerda por cuerda;
algo se ha descompuesto en su interior,
no alcanza de ayer tarde los cadencias,
mi voz suena gangosa, de ultratumba
y hay algún traste roto, una cejilla abierta,
o es que tal vez la caja, tan usada,
sea demasiado vieja.
Para que esta guitarra,
que siempre acompañó canciones bellas,
que fue seguro puente entre tu amor y el mío,
que te arrulló en las noches de tormenta,
vuelva a alumbrar momentos tan oscuros,
y enlace nuevamente, con su fuerza,
tu corazón y el mío;
¡ayúdame mi amor a componerla!
Juan de Escobedo, 11-07-2010
Las cuerdas de mi alma están tan tensas
que apenas si soporta el diapasón su impulso.
La caja de mi entraña no resuena;
anoche estuve a punto de perderte,
se me escapó la voz, te hablé con fuerza,
también te dije cosas
de esas que se lamentan,
y me ha alcanzado el día arrepentido
desliando mi madeja.
Hoy mi guitarra ya no suena dulce.
Yo trato de afinar cuerda por cuerda;
algo se ha descompuesto en su interior,
no alcanza de ayer tarde los cadencias,
mi voz suena gangosa, de ultratumba
y hay algún traste roto, una cejilla abierta,
o es que tal vez la caja, tan usada,
sea demasiado vieja.
Para que esta guitarra,
que siempre acompañó canciones bellas,
que fue seguro puente entre tu amor y el mío,
que te arrulló en las noches de tormenta,
vuelva a alumbrar momentos tan oscuros,
y enlace nuevamente, con su fuerza,
tu corazón y el mío;
¡ayúdame mi amor a componerla!
Juan de Escobedo, 11-07-2010
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