Mi heroína
Batalló hasta el final de sus días,
hasta la noche en que se la llevó la muerte...
Dejó hijos como lunas de noche,
y nietos como soles de siempre...
Dejó la sonrisa en un broche;
y la alegría, prendida y silvestre,
entre las flores del campo
y las cortezas de los cipreses...
Caminó a paso muy lento,
pero miró en detalle las minas...
Las cantimploras llenó con su sustento.
Y cantó en la iglesia, su propia versión del Ave María,
con una voz, que de tan melodiosa,
chisporroteaban, el incienso y la mirra...
Bailó con el viento ¡gloriosa!
Y deslumbró las pupilas...
Se asomó al fondo de cada choza,
y se internó en cada rendija...
La vida la dotó preciosa,
y ella se hizo mendiga...
Labró la tierra, andrajosa,
y donó de su haber su mochila...
Y el sol y las mariposas,
brillaba y sus alas batían,
acompañando sus plantas de diosa
hasta que cayó rendida...
¡Bendita!, dijo la tierra.
Y el cielo hizo fiesta ese día...