viento-azul
Poeta que considera el portal su segunda casa
Mi hija también,
¡Dios mío! Mi hija también.
Debe fugarse de mi pecera
y sumergirse en el océano
oscuro de la noche.
Fabricar malabares
con la mágica ternura del sexo,
bailar las horas
que su cortejo precise.
Mentir felicidades
y fingir decepciones,
mientras agoniza de amor
muriendo en silencio.
Debe conocer ángeles de fuego
con zarpas diabólicas.
Quemarse entre las olas
de caricias impertinentes.
Romperse en pedazos
para volver a nacer.
Rendirse ante las fuerzas
que nos multiplican.
¿Cuánta tortura
genera su libertad?
Dejar de protegerla
para que sepa que la quiero.
Ya sólo seré espectador
de sus días.
Las muñecas morirán de orfandad
en su habitación caduca.
Y yo restaré,
orgullosamente olvidado,
entre la locura de su ausencia
y los cimientos de su recuerdo.
Y ella se desvanecerá agraz,
como la audaz pluma,
que el aire núbil zarandea
entre mis deseos concedidos ...
y robados.
Se me escurre
entre los dedos.
Yo sonrío ... o lloro
como la Gioconda.
Extraviado entre
el placer de consumar
una obra maestra,
y el dolor de perderla.
¡Dios mío! Mi hija también.
Debe fugarse de mi pecera
y sumergirse en el océano
oscuro de la noche.
Fabricar malabares
con la mágica ternura del sexo,
bailar las horas
que su cortejo precise.
Mentir felicidades
y fingir decepciones,
mientras agoniza de amor
muriendo en silencio.
Debe conocer ángeles de fuego
con zarpas diabólicas.
Quemarse entre las olas
de caricias impertinentes.
Romperse en pedazos
para volver a nacer.
Rendirse ante las fuerzas
que nos multiplican.
¿Cuánta tortura
genera su libertad?
Dejar de protegerla
para que sepa que la quiero.
Ya sólo seré espectador
de sus días.
Las muñecas morirán de orfandad
en su habitación caduca.
Y yo restaré,
orgullosamente olvidado,
entre la locura de su ausencia
y los cimientos de su recuerdo.
Y ella se desvanecerá agraz,
como la audaz pluma,
que el aire núbil zarandea
entre mis deseos concedidos ...
y robados.
Se me escurre
entre los dedos.
Yo sonrío ... o lloro
como la Gioconda.
Extraviado entre
el placer de consumar
una obra maestra,
y el dolor de perderla.
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