CIBELES
Poeta que considera el portal su segunda casa
Cerré los ojos,
sentí tus dedos que se hundían en mi cabeza,
suaves me masajeaban,
apretaban mis sienes...
mi imaginación volaba.
Tus manos rozaron mis mejillas,
un escalofrío me recorrió el cuerpo
quedando atrapado en mi vientre,
mi imaginación volaba.
Una cascada de agua tibia
envolvía mis pensamientos.
Oí palabras,
pero no escuchaba,
no eres tú,
era mi mente quien hablaba.
Feliz momento aquél
en que mi imaginación volaba.
No sé si fueron segundos o una eternidad.
Un ruido me obligó a abrir los ojos.
Desperté,
cruda realidad.
Tú ¡mi peluquero!
sentí tus dedos que se hundían en mi cabeza,
suaves me masajeaban,
apretaban mis sienes...
mi imaginación volaba.
Tus manos rozaron mis mejillas,
un escalofrío me recorrió el cuerpo
quedando atrapado en mi vientre,
mi imaginación volaba.
Una cascada de agua tibia
envolvía mis pensamientos.
Oí palabras,
pero no escuchaba,
no eres tú,
era mi mente quien hablaba.
Feliz momento aquél
en que mi imaginación volaba.
No sé si fueron segundos o una eternidad.
Un ruido me obligó a abrir los ojos.
Desperté,
cruda realidad.
Tú ¡mi peluquero!
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