MARIO CUADROS
Intento de poeta
Conocí ese cielo que se encoge,
que olvidado quedó aplastado
entre dos miradas de neófitos,
miradas que vuelven el lunes en domingo
y los jueves en un viernes de feriado.
Conocí ese suelo que se derrumba,
haciéndolo todo terreno vano,
en plena despedida del atardecer
ante la silueta de tu brillante ser,
despedida del lucero que nos da el astro.
Y con tanto despiste de alegrías
me volví la costumbre,
me volví xilema que esparce
por toda la noche la lumbre.
Me volví,
me volviste diré,
un manto de letras tan autótrofas,
tan hechas para beber
que leerlas no podrás.
Y tú,
que portas el inverosímil factor
del cariño aleatorio,
te estás volviendo cada noche
una versión exagerada de mi insomnio.
Una versión hecha para el poeta,
una agonía que en el papel se impregna.
que olvidado quedó aplastado
entre dos miradas de neófitos,
miradas que vuelven el lunes en domingo
y los jueves en un viernes de feriado.
Conocí ese suelo que se derrumba,
haciéndolo todo terreno vano,
en plena despedida del atardecer
ante la silueta de tu brillante ser,
despedida del lucero que nos da el astro.
Y con tanto despiste de alegrías
me volví la costumbre,
me volví xilema que esparce
por toda la noche la lumbre.
Me volví,
me volviste diré,
un manto de letras tan autótrofas,
tan hechas para beber
que leerlas no podrás.
Y tú,
que portas el inverosímil factor
del cariño aleatorio,
te estás volviendo cada noche
una versión exagerada de mi insomnio.
Una versión hecha para el poeta,
una agonía que en el papel se impregna.
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