caballero-del-silencio
Poeta recién llegado
De hinojos postrado
al pie de un sepulcro
sin cruz, epitafio
ni arreglo ninguno
lloraba en silencio
mustio y taciturno.
Un sepulcro sin cuerpo
y un cuerpo sin alma
convergen a un tiempo
ahí, donde la flama
congela la esencia
de un sepulcro sin mortaja
y un hombre sin calma.
Sus ojos no alumbran
la senda en que se halla,
los miedos se agolpan
y ninguna estrella
se asoma al sepulcro
sin cruz ni mortaja.
Nada hay en la tierra
la razón le infiere,
su alma está en guerra,
él tan sólo quiere
lugar en que pueda
llorar su recuerdo.
De hinojos postrado
sollozando a ratos
y en otros gritando
deja que sus tormentos
fluyan libremente.
Cenizas que disipan
la luz de su mente,
recuerdos que escapan,
brazos que no estrechan,
cuerpo que hoy no existe.
Consuelo que huye
al corazón ufano,
le alcanza la noche,
extiende la mano
en busca del humo
de un sueño esfumado.
Un sepulcro sin cuerpo
y un hombre sin alma
se miran de frente,
la inclemente flama
devora vehemente
al corazón que clama
piedad y consuelo.
"No hay nada en el suelo"
su razón insiste
"ella se halla lejos
sus cenizas viste
parir sin remedio
abatido y triste".
El sepulturero
piadoso le asiste
"se ha usted confundido
por que este sepulcro
se encuentra vacío"
"igual que mi pecho"
le responde frío.
Un ramo de rosas
deja con ternura
sobre aquella tierra
y luego murmura
"yo voy a encontrarte"
solemne lo jura
y parte sereno,
mientras el testigo,
"¡locura!" murmura.
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