Piedad Acosta Ruiz
Poeta recién llegado
Mi Medellín del alma
Cómo no quererte mi Medellín del alma,
con tus verdes valles y montañas,
y ese cielo azul que se levanta
en tus empinadas espaldas.
Cómo no quererte
mi Medellín del alma,
con tu tradición milenaria,
con esa tierra de pujanza,
que nace, crece y se reproduce
como el ave fénix con
tu gente hospitalaria.
Una Medellín que sobrevive
a las crisis, con su metamorfosis
permanente, y a todos nos hace,
nos consiente, nos tiene felices.
Una Medellín, tu Medellín,
nuestra Medellín, mi Medellín,
para todos de principio a fin,
M E D E L L I N.
El cielo y la tierra se juntan,
cuando desciendo de tus montañas,
de esos lugareños y amables pueblos,
que amorosamente te abrazan
para aterrizar en las lucecitas
que iluminan tu valle,
en ese colosal valle de Aburra
que si lo conoces,
por su belleza y grandeza,
nunca, nunca, nunca,
le podrás olvidar por
su despampante belleza.
Ese mismo valle que el cacique Nutibara,
el cacique Niquía,
cacica la Guzmana
y el cacique Itagüí,
sembraron su cosecha
surcada de oro y perfumadas flores
dejando que la primavera
nunca se marchara de aquí.
Se me calienta el cuerpo, el alama
y hasta el cuero de mi urdimbre,
cuando las empinadas montañas
quedan atrás y las venas y arterías
hacen palpitar el corazón
con la cadencia del rió Medellín,
mientras tu cuerpo se embriaga
con la cálida brisa
de esta celestial estancia,
con la Villa de la Candelaria.
Lucecitas de colores,
como las velitas de Navidad,
trazan tu s barrios populares
como el edén y el más bello paisaje.
para que en tu maleta, un dos, tres, cuatro
y hasta el infinito armes tu viaje.
Tu tierra,
tu brisa, tu clima,
tu gente venida de todos
los pueblos de Antioquia,
del Chocó, de las costas,
del Amazonas,
y hasta de Europa,
engrandecen
el linaje de tu estirpe
y te hacen por siempre,
el paraíso, el oasis,
la cosa más
bella de esta tierra,
de este universo,
hecho poema,
con el más exquisito verso,
o del Creador,
el más colosal invento.
Cómo no amarte
Mi Medellín del alma,
si eres la razón de mi vivir,
de levantarme cada mañana
para ingeniarme
¡cómo te hago crecer!,
¡cómo te puedo servir!
mientras en esta tierra
tenga el privilegio de existir.
Cómo no quererte mi Medellín del alma,
con tus verdes valles y montañas,
y ese cielo azul que se levanta
en tus empinadas espaldas.
Cómo no quererte
mi Medellín del alma,
con tu tradición milenaria,
con esa tierra de pujanza,
que nace, crece y se reproduce
como el ave fénix con
tu gente hospitalaria.
Una Medellín que sobrevive
a las crisis, con su metamorfosis
permanente, y a todos nos hace,
nos consiente, nos tiene felices.
Una Medellín, tu Medellín,
nuestra Medellín, mi Medellín,
para todos de principio a fin,
M E D E L L I N.
El cielo y la tierra se juntan,
cuando desciendo de tus montañas,
de esos lugareños y amables pueblos,
que amorosamente te abrazan
para aterrizar en las lucecitas
que iluminan tu valle,
en ese colosal valle de Aburra
que si lo conoces,
por su belleza y grandeza,
nunca, nunca, nunca,
le podrás olvidar por
su despampante belleza.
Ese mismo valle que el cacique Nutibara,
el cacique Niquía,
cacica la Guzmana
y el cacique Itagüí,
sembraron su cosecha
surcada de oro y perfumadas flores
dejando que la primavera
nunca se marchara de aquí.
Se me calienta el cuerpo, el alama
y hasta el cuero de mi urdimbre,
cuando las empinadas montañas
quedan atrás y las venas y arterías
hacen palpitar el corazón
con la cadencia del rió Medellín,
mientras tu cuerpo se embriaga
con la cálida brisa
de esta celestial estancia,
con la Villa de la Candelaria.
Lucecitas de colores,
como las velitas de Navidad,
trazan tu s barrios populares
como el edén y el más bello paisaje.
para que en tu maleta, un dos, tres, cuatro
y hasta el infinito armes tu viaje.
Tu tierra,
tu brisa, tu clima,
tu gente venida de todos
los pueblos de Antioquia,
del Chocó, de las costas,
del Amazonas,
y hasta de Europa,
engrandecen
el linaje de tu estirpe
y te hacen por siempre,
el paraíso, el oasis,
la cosa más
bella de esta tierra,
de este universo,
hecho poema,
con el más exquisito verso,
o del Creador,
el más colosal invento.
Cómo no amarte
Mi Medellín del alma,
si eres la razón de mi vivir,
de levantarme cada mañana
para ingeniarme
¡cómo te hago crecer!,
¡cómo te puedo servir!
mientras en esta tierra
tenga el privilegio de existir.