Mi mujer me encuentra

Estimado Eladio, un relato escalofriante, no te hacen poco, las mujeres en vida, mira como parair a buscarte despues de muerto y seguir castigandonos.
Que quieres que te diga esta excelente, me has hecho reir y las conjeturas que sacas, las saca uno tambien que te lee.
Recibe mis felicitaciones, sos muy bueno para esto, pero prometeme, que no me va a ocurrir, ja,ja,ja, magnífico trabajo, gracias por invitarme , y te vuelvo a felicitar.Te dejo todo mi afecto, mi aprecio y un fuerte abrazo, vamos a ver que dice la maquina.


Hector Alberto Villarruel.
 
Jjajajajaajj. bravo amigo, diciéndote que en el infierno no hay divorcios, fíjate que el diablo tiene cuernos y no ha logrado separase, todos los abogados están allá, jjajajaj, eres el mejor amigo, felicidades, estrellas, hasta pronto y de verdad espero no seas tú, jjjaja
 
Hola, Me encantó el estilo en que está escrito, sin elementos innecesarios, pero sin que nada falte. Muy buen trabajo..(realmente, espero que no me suceda lo mismo...¡Nunca! )
Gracias por compartir... mis saludos cordiales.
 
Querido amigo Dulcinista, Que gusto leer, todas estas noches, sin sentido, algo, que a la sangre le produzca un agite automático. Muchas gracias, Desde ahora, estaré pendiente de volver a ver a mi ex amada. Estrellas escalofriantes para ti gran amigo.
 
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Ayer volvió mi mujer a casa. Llamaron a la puerta y abrí, pero no había nadie, así que cerré la puerta de nuevo y volví a la biblioteca con la intención de seguir leyendo un poema de Horacio titulado Beatus Ille. Estaba casi acabando su lectura cuando volvieron a llamar, por lo que me levanté de nuevo y abrí; y allí estaba Catherina, la mujer con la que había estado casado cerca de treinta años. Estaba muy cambiada desde la última vez que la vi; siempre había sido muy hermosa, pero verla frente a mí con el cabello alborotado y el vestido tan raído que parecía que había sido roído por un ejército de ratas, la verdad es que no me produjo ningún placer, sino todo lo contrario, repulsión y terror. De un manotazo me apartó a un lado y entró en la casa; lo miraba todo como si no lo hubiese visto nunca, con extrañeza, ella, que era la verdadera dueña de la casa cuando nos casamos.
- Ahora que te he encontrado, ya no me separaré de ti-, fueron las únicas palabras que pronunció.
No llevaba ninguna clase de equipaje. Subió las escaleras hasta el piso superior y entró en la que había sido su habitación, utilizada entonces por mí para almacenar toda clase de cosas: desde libros rotos en espera de un arreglo y ropa muy usada esperando ser regalada o tirada a la basura hasta carpetas conteniendo mis escritos, ya que soy aficionado a escribir tanto poemas como relatos. Había cambiado su aspecto físico, pero no su carácter que seguía siendo irascible; lo comprobé cuando la vi sacar todas las cosas de la habitación y tirarlas escaleras abajo: libros, pantalones, bolígrafos, pisapapeles, folios de papel escritos con mis invenciones literarias, todo quedó esparcido por los escalones de mármol. La odié. Deseé verla muerta, es más, la hubiese matado con mis propias manos si no lo hubiese hecho ya anteriormente. Lo que no comprendía es cómo podía una persona muerta entrar de nuevo en el mundo de los vivos. De pronto, como un relámpago, cruzó por mi mente una idea aterradora: ¿y si ella estaba viva y el muerto era yo?, pero enseguida deseché tal locura, ya que recordaba con claridad haber asistido a su entierro. Y entonces lo comprendí todo: yo también estaba muerto, y ella, desde el más allá, me había buscado hasta dar conmigo, para que mi vida, infernal cuando vivíamos juntos, continuase siendo un infierno una vez muerto.
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Eladio Parreño Elías

19-Marzo-2012
Hola amigo, mi respuesta anterior no ha quedado reflejada, quizás por un bajón del sistema, pero me ha parecido un escrito para revisar el acta matrimonial, por si he llegado a firmar amor eterno, pues no me gustaría que me pasara lo mismo que en tus letras, jajajaja, como siempre me encanta tu imaginación, me alegro de haberla leído, abrazos y estrellas, Ricardo.
 
Para tener pesadillas una eternidad, un escalofrió me recorrió la espalda ¿y si la mía que cambien mate...........esta misma mañana me voy al medico para una revisión, si ha de venir, que tarde.
Un abrazo Eladio
 
...Y en el mas allá creo que todavía no existe el divorcio!. Magnífico y original tu relato, con un toque de humor negro. Mi felicitación, y gracias por compartir tus historias. Un abrazo estimado amigo.
 
Ayyy Eladio , que miedo , infierno en la tierra y hacerlo eterno en el más allá debe ser terrible!! Un gusto leer esta tétrica historia. Estrellitas y un abrazo.
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Ayer volvió mi mujer a casa. Llamaron a la puerta y abrí, pero no había nadie, así que cerré la puerta de nuevo y volví a la biblioteca con la intención de seguir leyendo un poema de Horacio titulado Beatus Ille. Estaba casi acabando su lectura cuando volvieron a llamar, por lo que me levanté de nuevo y abrí; y allí estaba Catherina, la mujer con la que había estado casado cerca de treinta años. Estaba muy cambiada desde la última vez que la vi; siempre había sido muy hermosa, pero verla frente a mí con el cabello alborotado y el vestido tan raído que parecía que había sido roído por un ejército de ratas, la verdad es que no me produjo ningún placer, sino todo lo contrario, repulsión y terror. De un manotazo me apartó a un lado y entró en la casa; lo miraba todo como si no lo hubiese visto nunca, con extrañeza, ella, que era la verdadera dueña de la casa cuando nos casamos.
- Ahora que te he encontrado, ya no me separaré de ti-, fueron las únicas palabras que pronunció.
No llevaba ninguna clase de equipaje. Subió las escaleras hasta el piso superior y entró en la que había sido su habitación, utilizada entonces por mí para almacenar toda clase de cosas: desde libros rotos en espera de un arreglo y ropa muy usada esperando ser regalada o tirada a la basura hasta carpetas conteniendo mis escritos, ya que soy aficionado a escribir tanto poemas como relatos. Había cambiado su aspecto físico, pero no su carácter que seguía siendo irascible; lo comprobé cuando la vi sacar todas las cosas de la habitación y tirarlas escaleras abajo: libros, pantalones, bolígrafos, pisapapeles, folios de papel escritos con mis invenciones literarias, todo quedó esparcido por los escalones de mármol. La odié. Deseé verla muerta, es más, la hubiese matado con mis propias manos si no lo hubiese hecho ya anteriormente. Lo que no comprendía es cómo podía una persona muerta entrar de nuevo en el mundo de los vivos. De pronto, como un relámpago, cruzó por mi mente una idea aterradora: ¿y si ella estaba viva y el muerto era yo?, pero enseguida deseché tal locura, ya que recordaba con claridad haber asistido a su entierro. Y entonces lo comprendí todo: yo también estaba muerto, y ella, desde el más allá, me había buscado hasta dar conmigo, para que mi vida, infernal cuando vivíamos juntos, continuase siendo un infierno una vez muerto.
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Eladio Parreño Elías

19-Marzo-2012
 
Este relato Eladio no me ha dado tanto miedo como otros . Empieza con un timbrazo invisible que ya te pone sobre un aviso fantasmal. El espíritu de la esposa llega pisando fuerte, vamos que no se deshace de ella ni en el mas allá.
Un placer leerte siempre guardas una cotidianidad increible en tus escritos, como si el narrador nunca se sorprendiera de nada.
Un Abrazo tierno
 
Qué mala la mujer, ni en la otra vida tenía ganas de paz, pobrecillo esposo, tal vez le quedaba algo que redimir, algún pecado como matar a su mujer, también él tenía narices, sé que era un diablillo pero claro, tomarse la justicia por su mano como que no lo permite el universo, cada cosa en su momento y en su lugar pero matar eso no lo justifica nadie, es un delito en nuestra consciencia, bella prosa Dulcinista, me encanta leerte, un abrazo muy fuerte amigo, besitos

Hoy día me vas a tener que contar como sacas tantas historias de esa cabecita, además historias un poco macabras pero mejor así no nos aburrimos, besos
 
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Ayer volvió mi mujer a casa. Llamaron a la puerta y abrí, pero no había nadie, así que cerré la puerta de nuevo y volví a la biblioteca con la intención de seguir leyendo un poema de Horacio titulado Beatus Ille. Estaba casi acabando su lectura cuando volvieron a llamar, por lo que me levanté de nuevo y abrí; y allí estaba Catherina, la mujer con la que había estado casado cerca de treinta años. Estaba muy cambiada desde la última vez que la vi; siempre había sido muy hermosa, pero verla frente a mí con el cabello alborotado y el vestido tan raído que parecía que había sido roído por un ejército de ratas, la verdad es que no me produjo ningún placer, sino todo lo contrario, repulsión y terror. De un manotazo me apartó a un lado y entró en la casa; lo miraba todo como si no lo hubiese visto nunca, con extrañeza, ella, que era la verdadera dueña de la casa cuando nos casamos.
- Ahora que te he encontrado, ya no me separaré de ti-, fueron las únicas palabras que pronunció.
No llevaba ninguna clase de equipaje. Subió las escaleras hasta el piso superior y entró en la que había sido su habitación, utilizada entonces por mí para almacenar toda clase de cosas: desde libros rotos en espera de un arreglo y ropa muy usada esperando ser regalada o tirada a la basura hasta carpetas conteniendo mis escritos, ya que soy aficionado a escribir tanto poemas como relatos. Había cambiado su aspecto físico, pero no su carácter que seguía siendo irascible; lo comprobé cuando la vi sacar todas las cosas de la habitación y tirarlas escaleras abajo: libros, pantalones, bolígrafos, pisapapeles, folios de papel escritos con mis invenciones literarias, todo quedó esparcido por los escalones de mármol. La odié. Deseé verla muerta, es más, la hubiese matado con mis propias manos si no lo hubiese hecho ya anteriormente. Lo que no comprendía es cómo podía una persona muerta entrar de nuevo en el mundo de los vivos. De pronto, como un relámpago, cruzó por mi mente una idea aterradora: ¿y si ella estaba viva y el muerto era yo?, pero enseguida deseché tal locura, ya que recordaba con claridad haber asistido a su entierro. Y entonces lo comprendí todo: yo también estaba muerto, y ella, desde el más allá, me había buscado hasta dar conmigo, para que mi vida, infernal cuando vivíamos juntos, continuase siendo un infierno una vez muerto.
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Eladio Parreño Elías

19-Marzo-2012

Jajajajajajajaj, este relato me a causado pena y mucha risa, quizá la malvada no fue tan sólo ella, sino también él, ya que por algo se volvieron a reencontrar.
Amigo felicitaciones por tu pluma espeluznante.
Cariños y remuacssssss:)
 
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Ayer volvió mi mujer a casa. Llamaron a la puerta y abrí, pero no había nadie, así que cerré la puerta de nuevo y volví a la biblioteca con la intención de seguir leyendo un poema de Horacio titulado Beatus Ille. Estaba casi acabando su lectura cuando volvieron a llamar, por lo que me levanté de nuevo y abrí; y allí estaba Catherina, la mujer con la que había estado casado cerca de treinta años. Estaba muy cambiada desde la última vez que la vi; siempre había sido muy hermosa, pero verla frente a mí con el cabello alborotado y el vestido tan raído que parecía que había sido roído por un ejército de ratas, la verdad es que no me produjo ningún placer, sino todo lo contrario, repulsión y terror. De un manotazo me apartó a un lado y entró en la casa; lo miraba todo como si no lo hubiese visto nunca, con extrañeza, ella, que era la verdadera dueña de la casa cuando nos casamos.
- Ahora que te he encontrado, ya no me separaré de ti-, fueron las únicas palabras que pronunció.
No llevaba ninguna clase de equipaje. Subió las escaleras hasta el piso superior y entró en la que había sido su habitación, utilizada entonces por mí para almacenar toda clase de cosas: desde libros rotos en espera de un arreglo y ropa muy usada esperando ser regalada o tirada a la basura hasta carpetas conteniendo mis escritos, ya que soy aficionado a escribir tanto poemas como relatos. Había cambiado su aspecto físico, pero no su carácter que seguía siendo irascible; lo comprobé cuando la vi sacar todas las cosas de la habitación y tirarlas escaleras abajo: libros, pantalones, bolígrafos, pisapapeles, folios de papel escritos con mis invenciones literarias, todo quedó esparcido por los escalones de mármol. La odié. Deseé verla muerta, es más, la hubiese matado con mis propias manos si no lo hubiese hecho ya anteriormente. Lo que no comprendía es cómo podía una persona muerta entrar de nuevo en el mundo de los vivos. De pronto, como un relámpago, cruzó por mi mente una idea aterradora: ¿y si ella estaba viva y el muerto era yo?, pero enseguida deseché tal locura, ya que recordaba con claridad haber asistido a su entierro. Y entonces lo comprendí todo: yo también estaba muerto, y ella, desde el más allá, me había buscado hasta dar conmigo, para que mi vida, infernal cuando vivíamos juntos, continuase siendo un infierno una vez muerto.
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Eladio Parreño Elías

19-Marzo-2012


La imaginación al poder
cuenta el dicho popular,
y a ti Eladio mi amigo
te deberíamos votar,
para que en este mundo de locos
pongas la cordura no más.

Bonito el relato
y lúgubres los personajes,
pero puede que algo de verdad
se esconda tras tu mensaje.


Un abrazo desde la Mancha de:
joanmoypra
 
Cuidado!!!!!!....... Eladio cuidado............. no se te vaya a voltear el chirrion por el palito, digo;;;
no se las cosas suelen suceder................ tan macabro que te puedes topar a la vuelta de la esquina con ella, uuuuyyyyyyyy que miedo..... bueno leerte es siempre dia que no me dejas dormir...... jajjajajjajajaja
por tus truculentos relatos de ultratumba..... un dia te voy a contar una historia y tu la escribes ok????
besos abrazos y mis carinos no te faltaran....
http://www.mundopoesia.com/foros/poemas-de-amor/401973-una-noche-inolvidable.html
http://www.mundopoesia.com/foros/poemas-generales/394817-no-dejar-de-escribir-poesia-dedicado-al.html
 
ay dulcinista que encanto ,me cautivo desde el primer momento me recordo esos cuantos de terror que suelo leer ,sigue asi tienes magia en tu pluma .un placer leerte siempre.
 
He aqui que por fin comprendo la sabiduría de la conocida frase: "hasta que la muerte los separe"!!Excelente prosa mi querido amigo, esta vez con su dejo de sarcasmo, creo... un abrazo y cariños hasta tu orilla!
 
Querido Amigo Eladio. Es increible, como sacas estashistorias, tan bien hilvanadas.
Las leo hasta el final, con atención. Todavía no sabemos. ¿ Cúal es realidad o fantasías?
Te mando Estrellas Besos y Abrazos Uruguayos Blanca
 
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Ayer volvió mi mujer a casa. Llamaron a la puerta y abrí, pero no había nadie, así que cerré la puerta de nuevo y volví a la biblioteca con la intención de seguir leyendo un poema de Horacio titulado Beatus Ille. Estaba casi acabando su lectura cuando volvieron a llamar, por lo que me levanté de nuevo y abrí; y allí estaba Catherina, la mujer con la que había estado casado cerca de treinta años. Estaba muy cambiada desde la última vez que la vi; siempre había sido muy hermosa, pero verla frente a mí con el cabello alborotado y el vestido tan raído que parecía que había sido roído por un ejército de ratas, la verdad es que no me produjo ningún placer, sino todo lo contrario, repulsión y terror. De un manotazo me apartó a un lado y entró en la casa; lo miraba todo como si no lo hubiese visto nunca, con extrañeza, ella, que era la verdadera dueña de la casa cuando nos casamos.
- Ahora que te he encontrado, ya no me separaré de ti-, fueron las únicas palabras que pronunció.
No llevaba ninguna clase de equipaje. Subió las escaleras hasta el piso superior y entró en la que había sido su habitación, utilizada entonces por mí para almacenar toda clase de cosas: desde libros rotos en espera de un arreglo y ropa muy usada esperando ser regalada o tirada a la basura hasta carpetas conteniendo mis escritos, ya que soy aficionado a escribir tanto poemas como relatos. Había cambiado su aspecto físico, pero no su carácter que seguía siendo irascible; lo comprobé cuando la vi sacar todas las cosas de la habitación y tirarlas escaleras abajo: libros, pantalones, bolígrafos, pisapapeles, folios de papel escritos con mis invenciones literarias, todo quedó esparcido por los escalones de mármol. La odié. Deseé verla muerta, es más, la hubiese matado con mis propias manos si no lo hubiese hecho ya anteriormente. Lo que no comprendía es cómo podía una persona muerta entrar de nuevo en el mundo de los vivos. De pronto, como un relámpago, cruzó por mi mente una idea aterradora: ¿y si ella estaba viva y el muerto era yo?, pero enseguida deseché tal locura, ya que recordaba con claridad haber asistido a su entierro. Y entonces lo comprendí todo: yo también estaba muerto, y ella, desde el más allá, me había buscado hasta dar conmigo, para que mi vida, infernal cuando vivíamos juntos, continuase siendo un infierno una vez muerto.
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Eladio Parreño Elías

19-Marzo-2012
[- Ahora que te he encontrado, ya no me separaré de ti-]

Me quedo con esa frase...gracias.

y se lo que es blanco y negro, mas se comprender cuando cometo un error..gracias.


Un mágico, divertido y elocuente relato.



Gracias...
 
Eladio, fascinante tu relato, a mí me concierne directamente, hé perdido dos esposas, y son caminos obscuros los que en tiempo futuro se deberán transitar.

Fabuloso tu relato.

Recibe un abrazo.

José de Jesús Parra Alba.
 
Última edición:
Tienes un don especial para el relato. Enganchas perfectamente al lector y lo arrastras hasta el final de tus ocurrentes líneas con suma facilidad. Espléndido. Agradezcco y disfruto de tu invitación.
Saludos y rep
 
Magnificas letras amigo dulcinista. Jajaja, dicen que hasta que la muerte os separe, yo creo que ambos estaban vivos, jeje. Un placer pasar. Un abrazo con estrellas
 
En tu relato se aprecia el desamor el rencor de la mujer que conduce al maltrato sicologico ,ni la muerte los separa ,interesante relato donde vemos este conflicto. saludos
 
Waooo amigo un relato aterrador ,y te hace pensar que no importa el tiempo ni la distancia ,ni siquiera la muerte vamos a pagar lo que hagamos en esta vida ,bravo amigo y las fotos le dan el toque final un abrazo y mis estrelas*******
 
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Ayer volvió mi mujer a casa. Llamaron a la puerta y abrí, pero no había nadie, así que cerré la puerta de nuevo y volví a la biblioteca con la intención de seguir leyendo un poema de Horacio titulado Beatus Ille. Estaba casi acabando su lectura cuando volvieron a llamar, por lo que me levanté de nuevo y abrí; y allí estaba Catherina, la mujer con la que había estado casado cerca de treinta años. Estaba muy cambiada desde la última vez que la vi; siempre había sido muy hermosa, pero verla frente a mí con el cabello alborotado y el vestido tan raído que parecía que había sido roído por un ejército de ratas, la verdad es que no me produjo ningún placer, sino todo lo contrario, repulsión y terror. De un manotazo me apartó a un lado y entró en la casa; lo miraba todo como si no lo hubiese visto nunca, con extrañeza, ella, que era la verdadera dueña de la casa cuando nos casamos.
- Ahora que te he encontrado, ya no me separaré de ti-, fueron las únicas palabras que pronunció.
No llevaba ninguna clase de equipaje. Subió las escaleras hasta el piso superior y entró en la que había sido su habitación, utilizada entonces por mí para almacenar toda clase de cosas: desde libros rotos en espera de un arreglo y ropa muy usada esperando ser regalada o tirada a la basura hasta carpetas conteniendo mis escritos, ya que soy aficionado a escribir tanto poemas como relatos. Había cambiado su aspecto físico, pero no su carácter que seguía siendo irascible; lo comprobé cuando la vi sacar todas las cosas de la habitación y tirarlas escaleras abajo: libros, pantalones, bolígrafos, pisapapeles, folios de papel escritos con mis invenciones literarias, todo quedó esparcido por los escalones de mármol. La odié. Deseé verla muerta, es más, la hubiese matado con mis propias manos si no lo hubiese hecho ya anteriormente. Lo que no comprendía es cómo podía una persona muerta entrar de nuevo en el mundo de los vivos. De pronto, como un relámpago, cruzó por mi mente una idea aterradora: ¿y si ella estaba viva y el muerto era yo?, pero enseguida deseché tal locura, ya que recordaba con claridad haber asistido a su entierro. Y entonces lo comprendí todo: yo también estaba muerto, y ella, desde el más allá, me había buscado hasta dar conmigo, para que mi vida, infernal cuando vivíamos juntos, continuase siendo un infierno una vez muerto.
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Eladio Parreño Elías

19-Marzo-2012


Dulcinista
¡¡Me dio un miedo!!
qué cosas se te ocurren
no me pasa el mieeeeeedooo
Estrellas y un abrazo
Ana
 
Me he puesto de pie, dulcinista..
me he prguntado por q la gente
separa la fantasia de la ralidad ..
si la vida es ficcion!
me remonto a aquellos relatos
con los q creci literalmente
edgar allan poe, quiroga, lovecraft..
te invito a caminar por otro sendero
irreal queido amigo y por favor comparte de nuevo
el contenido de tu caja de pandora
http://www.mundopoesia.com/foros/prosa-obra-maestra/395868-la-vida-es-cancion-de-tres-minutos.html
http://www.mundopoesia.com/foros/prosa-surrealistas/402279-regresiones.html
 

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