AIBAEZA
Poeta adicto al portal
Si extiendo mi piel aventada
como una hoja bajo tus manos
de azúcar negra, remansados
nuestros ríos de ébano y plata,
apenas tu aliento derrama
latidos sonoros con ritmo
de olas en mis cumbres nevadas,
resuenan cascabeles íntimos
en la cueva de mis entrañas.
Un arpegio sutil escribes
en cada poro que, entregado,
coge forma de pentagrama.
Y en este delirio, rendidas
en notas de luz que te siguen
sin pausa, armónicas las cuerdas
del febril violonchelo estallan.
como una hoja bajo tus manos
de azúcar negra, remansados
nuestros ríos de ébano y plata,
apenas tu aliento derrama
latidos sonoros con ritmo
de olas en mis cumbres nevadas,
resuenan cascabeles íntimos
en la cueva de mis entrañas.
Un arpegio sutil escribes
en cada poro que, entregado,
coge forma de pentagrama.
Y en este delirio, rendidas
en notas de luz que te siguen
sin pausa, armónicas las cuerdas
del febril violonchelo estallan.