Rafael Chavez
Poeta adicto al portal
[center:c5a9ac2a99]En penumbra estaba la vida,
como también el cuarto,
que cobijaba sus deseos
angustias y ganas.
Lentamente y sin pasión
le coloco la mano al cuello,
sembró sus labios en los de el,
broto un quejido de ganas profundas.
Resbalo la prenda al suelo
con un suspiro por lo que
dejaba atrás, unos jadeos,
movimientos fogosos
que en penumbra dos se profesaban
furiosamente.
La tomo para si,
sin expresar palabra,
depositando en su mente las ideas
del placer y sus ganas bravías,
con quejidos suaves y movimientos
estéreos de oleaje marinero.
Después del paso de los tiempos,
eran dos figuras dibujadas
en el tiempo del placer consumado,
como guerreros vencidos
mirando sonriente la batalla
en sus fuerzas destrozadas
con su silencio roto.[/center:c5a9ac2a99]
como también el cuarto,
que cobijaba sus deseos
angustias y ganas.
Lentamente y sin pasión
le coloco la mano al cuello,
sembró sus labios en los de el,
broto un quejido de ganas profundas.
Resbalo la prenda al suelo
con un suspiro por lo que
dejaba atrás, unos jadeos,
movimientos fogosos
que en penumbra dos se profesaban
furiosamente.
La tomo para si,
sin expresar palabra,
depositando en su mente las ideas
del placer y sus ganas bravías,
con quejidos suaves y movimientos
estéreos de oleaje marinero.
Después del paso de los tiempos,
eran dos figuras dibujadas
en el tiempo del placer consumado,
como guerreros vencidos
mirando sonriente la batalla
en sus fuerzas destrozadas
con su silencio roto.[/center:c5a9ac2a99]