alvarezyure
Poeta adicto al portal
Ayer a escondidas me fuí caminando entre la hierba,
quería saber si es verdad todo lo que me cuentan,
nadie me molestó. ¡Déjala... que es la lechera!
así que llegué a la plaza sin que nadie me viera.
Era una huerta grande tan grande como mi huerta,
sólo que estaba rodeada toda toda de madera.
Me había dicho mi dueño, que era como en las ferias,
que le esperase tranquila, que pastara por la verja,
ya vendría él por la tarde, todo cargado de estrellas.
Yo miraba entusiasmada
a toda esa gente buena,
y como ondeaban sus pañuelos
en esa bonita feria.
Me dijo la yegua alazana: "¡Tú no vayas,...que no es la feria!
que mi hermano me lo dijo, el que come yerbabuena".
¡Téngo que ir! - contesté-, él debe saber que tengo,
que en mis entrañas llevo el más lindo de sus sueños.
Cuando le vi salir hacia el centro de la plaza,
mugí con todas mis fuerzas, para que él me escuchara,
la gente toda aplaudiendo, toda era gente buena,
y tranquila me quedé, esperando muy risueña,
ya le diría después que de sus sueños yo era dueña.
Al poco salió un joven, vestido de mil luceros,
en una mano la espada, en la otra manto nuevo.
Yo me dije: Debe ser,
el que le dará los premios,
muy segura estoy ahora
que le nombrará Caballero.
Acercóse el muchachuelo,
muy despacio y con tiento,
y cubierta la llevaba,
bajo su manto nuevo.
Hoy entierro las orejas
de mi dueño enamorado
que en la arena de la plaza
abandonadas quedaron.
Las enterraré profundo
para que él no escuche mi llanto,
mi nombrado Caballero,
semental de mis encantos.
quería saber si es verdad todo lo que me cuentan,
nadie me molestó. ¡Déjala... que es la lechera!
así que llegué a la plaza sin que nadie me viera.
Era una huerta grande tan grande como mi huerta,
sólo que estaba rodeada toda toda de madera.
Me había dicho mi dueño, que era como en las ferias,
que le esperase tranquila, que pastara por la verja,
ya vendría él por la tarde, todo cargado de estrellas.
Yo miraba entusiasmada
a toda esa gente buena,
y como ondeaban sus pañuelos
en esa bonita feria.
Me dijo la yegua alazana: "¡Tú no vayas,...que no es la feria!
que mi hermano me lo dijo, el que come yerbabuena".
¡Téngo que ir! - contesté-, él debe saber que tengo,
que en mis entrañas llevo el más lindo de sus sueños.
Cuando le vi salir hacia el centro de la plaza,
mugí con todas mis fuerzas, para que él me escuchara,
la gente toda aplaudiendo, toda era gente buena,
y tranquila me quedé, esperando muy risueña,
ya le diría después que de sus sueños yo era dueña.
Al poco salió un joven, vestido de mil luceros,
en una mano la espada, en la otra manto nuevo.
Yo me dije: Debe ser,
el que le dará los premios,
muy segura estoy ahora
que le nombrará Caballero.
Acercóse el muchachuelo,
muy despacio y con tiento,
y cubierta la llevaba,
bajo su manto nuevo.
Hoy entierro las orejas
de mi dueño enamorado
que en la arena de la plaza
abandonadas quedaron.
Las enterraré profundo
para que él no escuche mi llanto,
mi nombrado Caballero,
semental de mis encantos.
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