[h=5]Nació en los ámbitos de la fe silenciosa,
en el vértigo de la palabra virgen,
en la quietud de una plegaria
taladrando el techo del humilde.
Ha de seguirme cual fuera
su castigo ingenuo
y en un cerrar de ojos vastos
cambiará las cartas vacías
por una postal abierta:
Un lugar especialmente diseñado
para dialogar con la muerte,
un manojo de llaves blancas
libertando el infinito.
Y no me quejo. Sigo marchando.
Abriendo la pregunta eterna,
desafiando la antiquísima vestidura
de su silenciar misericordioso.
Voy con mi yo controvertido
que apuñala mis mañanas
y sangra en lindes de la gloria.[/h]
Buenos días Ricardo José:
Su otro yo, es bien completo, cauteloso, privilegiado de hallarse cerca, de esos muros oscuros, donde el silencio encierra la vida, no es descabellado estar vivo y hablar con la muerte, como tampoco, ser un muerto en vida en las puertas de un amanecer , hábil con las puñaladas de palabras y la sangre que destila suave como sus versos.
Este poema suyo, sugiere debatir esas preguntas que tanto uno se hace,¿ Por qué el dolor te hace fuerte, para qué seguir en el duelo y ensombrecer tu entereza oculta, cómo frenar los recuerdos estando vivo y el alma echa añicos?.
De veras compañero, que el poema es válido para salir adelante, aplaudirte, animarte, motivarte a que tus armas poéticas sigan dando de si, cuanto posees y saques partido en esas oscuridades, donde la luz, te brinda en versos, plasmar reflexiones de una vida y una muerte, con tu otro yo, e incluso con el que compone estas cosas.
Solo espero, no haberle causado ningún mal, en mi comentario.
Un abrazo.