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Mi partitura-.

BEN.

Poeta que considera el portal su segunda casa
Interpreto sólo mi partitura.

Reduzco los escarnios, procuro

no obviar la parte más dinámica.

Vivo a oscuras, sobre torres luminosas.

Cuerpo a cuerpo, corazón incesante

que vigila las arenas.

Anulo los días de vendaval.

Las selvas, los elementos dispares,

las cobras magnéticas, los suicidios

en masa, suelo evitarlos.

Voy por callejones ya conocidos.

Suburbios pintados de trenes boca abajo.

En las paredes, la misma música idiota.

Me lanzo a las fieras si es preciso

por aquello que merece ser salvado.

Una integridad honesta, la dignidad

de un niño, las rejas oxidadas de una pubertad

conflictiva.

Uso lenguajes adormecidos, como ramas

tras el baile.

Me cuesta inventarme otro metrónomo

para mi ritmo de lluvias incandescentes.

Me abraso las manos con ascuas de siglos.

Con papiros inundados de sal, rasgo el cuello

de los mamut, pájaros bien orquestados.

Voy con alegría por secciones de cenizas.

Por túneles de arcillas y entre músicos.

Somos de repente flautistas, hallazgos

de una nación en guerra.

Pasamos los árboles, atravesamos las propiedades

sin temor.

Rogamos a los dioses para que nos alimenten,

pues estamos en invierno.

Rosas y hayedos, formas ampulosas, algún

te quiero que se escapa con un brillo de la materia.





©
 
Interpreto sólo mi partitura.

Reduzco los escarnios, procuro

no obviar la parte más dinámica.

Vivo a oscuras, sobre torres luminosas.

Cuerpo a cuerpo, corazón incesante

que vigila las arenas.

Anulo los días de vendaval.

Las selvas, los elementos dispares,

las cobras magnéticas, los suicidios

en masa, suelo evitarlos.

Voy por callejones ya conocidos.

Suburbios pintados de trenes boca abajo.

En las paredes, la misma música idiota.

Me lanzo a las fieras si es preciso

por aquello que merece ser salvado.

Una integridad honesta, la dignidad

de un niño, las rejas oxidadas de una pubertad

conflictiva.

Uso lenguajes adormecidos, como ramas

tras el baile.

Me cuesta inventarme otro metrónomo

para mi ritmo de lluvias incandescentes.

Me abraso las manos con ascuas de siglos.

Con papiros inundados de sal, rasgo el cuello

de los mamut, pájaros bien orquestados.

Voy con alegría por secciones de cenizas.

Por túneles de arcillas y entre músicos.

Somos de repente flautistas, hallazgos

de una nación en guerra.

Pasamos los árboles, atravesamos las propiedades

sin temor.

Rogamos a los dioses para que nos alimenten,

pues estamos en invierno.

Rosas y hayedos, formas ampulosas, algún

te quiero que se escapa con un brillo de la materia.





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Excelente amigo Ben, me ha encantado tu poema, una lectura placentera y substanciosa... enhorabuena. Un abrazo, felices días.
 

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