Engel
SOÑADOR TOCANDO CON LOS PIES EN TIERRA
Que Melitón, el ayudante del encargado, es un consumado ahorrador, resulta evidente, aunque a él no le guste reconocerlo, especialmente en presencia de su sobrino, quien no tiene reparos en confesarse desheredado a ultranza. A Melitón, su cetrino aspecto y su incipiente y mal disimulada joroba le obliga a caminar demasiado erguido, con lo que toma un aire titiritero, pregonando su espectáculo, pero esto no quiere decir que me atreva a burlarme de él, y más que nada, más que su cercanía con el encargado, por la estrecha amistad que gasta con los jefes de equipo que pasan de la media docena en una plantilla de doscientos trabajadores.
Por motivos laborales me veo obligado a frecuentar su presencia y a tolerar su enfermiza conversación que inevitablemente deriva hacia las mujeres de fácil convencimiento, terreno en el que no puedo moverme con mayor soltura ya que careciendo de la facultad de pecar, como consecuencia de mi falta de solvencia económica, es difícil que muestre ninguna arista en el edificio del pecado y no es que me quitase el sueño, pues era otro mi afán, otro mi cuidado, otros mis temores y otras mis necesidades, pero para qué voy a negarlo, cada día que pasa me acucia y desasosiega con mayor rigor la idea de pecar.
Melitón, misógino y de figura estrafalaria, de escasa estatura, con mirada desafiante y jeta descompuesta; ejerce mala influencia sobre mí. No debería ser tan condescendiente con él pero no puedo evitarlo. No me explico su persistencia en darme información en cuotas de capital, así que aquí estoy, neófito de emociones, raso de sentimientos, y con un ansia de ahorrar que no recuerdo. Se nota que tiene experiencia en el arte de convencer, el jodido chepa.
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