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Mi penúltimo adiós

jocastilla

Poeta recién llegado
Mal educados para mirones miedicas,
vivimos como rígidos muertos y
convivimos con muertos vivientes:
hay familiares dependientes y vanidosos;
vecinos egoístas y resentidos y
uno mismo, neurótico y narcisista.

Esta muerte en vida se contagia
con la rigidez y los prejuicios.
Pero también se puede curar
con mucha dosis de humildad,
lucidez, acción y empatía.

Morirse es mucho más natural:
es un ciclo cotidiano y familiar,
como las bombillas se funden
y los coches se desguazan.

Como no hay día sin noche,
ni amanecer sin atardecer,
siembra paciente sin cosecha,
trabajo duro sin descanso,
y salud sin enfermedad; tampoco
la vida sin la diligente muerte.

La vida es una noria de feria
sin freno y marcha atrás.
La muerte es una funambulista,
que hace falsos equilibrios,
y una mimo dormida en la calle.

Convivimos con nuestra muerte
como una pareja de hecho,
compañera fiel y amante.
Ella es el negativo de la foto,
la sombra de nuestra silueta,
de las líneas enemigas la infiltrada,
la hermana subnormal oculta,
la ninguneada amante y
la hija bastarda del clan.

Mi inseparable compañera
es impredecible y caprichosa.
Me exige esfuerzo e imaginación
para superarme, saborear la vida y
dar lecciones de valor y audacia.

Entonces la vida se detiene y
se toma un merecido descanso.
Pero seguiré vivo en mis hijos
seré plena y feraz simiente y
mi muerte en los tres fecundada,
como escribió Miguel Hernández.
 
nunca habrá un último, pues la vida nos juega de todo, saludos
Mal educados para mirones miedicas,
vivimos como rígidos muertos y
convivimos con muertos vivientes:
hay familiares dependientes y vanidosos;
vecinos egoístas y resentidos y
uno mismo, neurótico y narcisista.

Esta muerte en vida se contagia
con la rigidez y los prejuicios.
Pero también se puede curar
con mucha dosis de humildad,
lucidez, acción y empatía.

Morirse es mucho más natural:
es un ciclo cotidiano y familiar,
como las bombillas se funden
y los coches se desguazan.

Como no hay día sin noche,
ni amanecer sin atardecer,
siembra paciente sin cosecha,
trabajo duro sin descanso,
y salud sin enfermedad; tampoco
la vida sin la diligente muerte.

La vida es una noria de feria
sin freno y marcha atrás.
La muerte es una funambulista,
que hace falsos equilibrios,
y una mimo dormida en la calle.

Convivimos con nuestra muerte
como una pareja de hecho,
compañera fiel y amante.
Ella es el negativo de la foto,
la sombra de nuestra silueta,
de las líneas enemigas la infiltrada,
la hermana subnormal oculta,
la ninguneada amante y
la hija bastarda del clan.

Mi inseparable compañera
es impredecible y caprichosa.
Me exige esfuerzo e imaginación
para superarme, saborear la vida y
dar lecciones de valor y audacia.

Entonces la vida se detiene y
se toma un merecido descanso.
Pero seguiré vivo en mis hijos
seré plena y feraz simiente y
mi muerte en los tres fecundada,
como escribió Miguel Hernández.
 

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