El aroma de mis rosas es tan dulce como el más dulce de los manjares, y mis pétalos tan níveos como el más blanco de los velos...
¿Eres, acaso, tú tan digna de tenerme si para ello antes debes con mis espinas herirte?
Si aún así te atreves, debes de saber que mi blancura se opacará con lágrimas de tu propia sangre y sudor de tu propia frente...
Basta que me dejes y tus heridas no cicatrizarán, y las espinas que me arrancares no crecerán... entonces quedaremos marcados y cada vez que nos veamos recordaremos con dolor lo que fue... más no te arrepentirás, pues luchaste y me venciste...
Ya no me llevarás entre las hojas de tu cuaderno, sino en medio de tus costillas hasta que tus ojos no se abran más...
¿Eres, acaso, tú tan digna de tenerme si para ello antes debes con mis espinas herirte?
Si aún así te atreves, debes de saber que mi blancura se opacará con lágrimas de tu propia sangre y sudor de tu propia frente...
Basta que me dejes y tus heridas no cicatrizarán, y las espinas que me arrancares no crecerán... entonces quedaremos marcados y cada vez que nos veamos recordaremos con dolor lo que fue... más no te arrepentirás, pues luchaste y me venciste...
Ya no me llevarás entre las hojas de tu cuaderno, sino en medio de tus costillas hasta que tus ojos no se abran más...