inansangus
Poeta recién llegado
Mi princesa
Extrañándola sin saber de dónde vendrá hoy,
vivo pensando con que canción la traeré y como la veré
a mi princesa descalza sin corona,
a esa mi emperatriz autista de las estrellas sedentarias;
de lozano moco con el que me hizo un globo para mí
elevándome en su flema aerostática,
llevándome cerca de sus ojos allá a su brillante hogar,
a una lejana estrella escondida hasta un poco antes de pasar su fin,
en donde se mueve y donde me dejó beber de su descenso y su cerumen.
Sorteé mi destino comiendo la muta de su límpida piel,
entré por su ombligo y comí ese quilo de heces secas de sus vísceras,
restregándome en su colon dormí sus cólicos,
hipnoticé sus parásitos y su nido de tenias hermanas
y me confundí entre el color de su voz,
baldeé sus entrañas y sembré una flor llamada ilusión,
para luego bañarme con su periodo pintándome con eso olor carmesí.
Allá, muy lejos, en donde no hay aire extendí mi mano y abrasé a Dios
que era mi princesa de sangre híbrida de latidos de mentira;
para ella fui a un mundo dentro de otro mundo que era ella,
para regalarme su menarquia y su primavera.
Decía ella vivió para morir y para morir vivió ella decía,
mientras yo iba reconociendo el amor reencarnado en mi fusiforme bella
al otro lado del espejo viéndome por fuera.
Al regresar de golpe caí, me resbalé con su deposición y su seborrea
abriendo más este mi dolor de colgandijos de este mi humano amor...
vivo pensando con que canción la traeré y como la veré
a mi princesa descalza sin corona,
a esa mi emperatriz autista de las estrellas sedentarias;
de lozano moco con el que me hizo un globo para mí
elevándome en su flema aerostática,
llevándome cerca de sus ojos allá a su brillante hogar,
a una lejana estrella escondida hasta un poco antes de pasar su fin,
en donde se mueve y donde me dejó beber de su descenso y su cerumen.
Sorteé mi destino comiendo la muta de su límpida piel,
entré por su ombligo y comí ese quilo de heces secas de sus vísceras,
restregándome en su colon dormí sus cólicos,
hipnoticé sus parásitos y su nido de tenias hermanas
y me confundí entre el color de su voz,
baldeé sus entrañas y sembré una flor llamada ilusión,
para luego bañarme con su periodo pintándome con eso olor carmesí.
Allá, muy lejos, en donde no hay aire extendí mi mano y abrasé a Dios
que era mi princesa de sangre híbrida de latidos de mentira;
para ella fui a un mundo dentro de otro mundo que era ella,
para regalarme su menarquia y su primavera.
Decía ella vivió para morir y para morir vivió ella decía,
mientras yo iba reconociendo el amor reencarnado en mi fusiforme bella
al otro lado del espejo viéndome por fuera.
Al regresar de golpe caí, me resbalé con su deposición y su seborrea
abriendo más este mi dolor de colgandijos de este mi humano amor...
Última edición: