La promesa que otorga mi boca
bajo este infinito dintel de nubes,
para tí, mi sueño, es enarbolar
éste amor sobre la estela más
alta del cielo.
Allá, donde los soles tan solo son
guijarros deambulando serenos.
Donde la luz brilla como milagro
a la redención, donde nuestra historia
se borda eterna con magníficas
lunas de esplendido resplandor.
¡Y prometerte el universo si pudiera!,
tenjiéndolo con eslabones de amaneceres,
uno a uno, adornando tu cuello
de leche y rosas.
Y sobre tu piel bañanda en perlas,
vestirla con las ropas de mis labios,
con cada beso dibujar suaves brechas
de seda para que te vistan como
viste el pasto al campo.
Sobre tus ojos de miel, retoñar
mil violetas para que siempre adornen
la calzada de tu vida. Sembrar en la
magia de tus pupilas el blanco de las
acacias para pintar tus horizontes con
cascadas constantes de arcoiris.
Y sentir el peso de una lágrima tuya
como si fueran mil mías, una estocada
en tu corazón como mi muerte sobre tu
pecho, un día de lluvia en tu ventana como
un paseo por el infierno,
Mas aún así regalarte una sonrisa que te
envuelva como el viento, una esperanza
nueva como brotes de bambú en el
remanso.
Vertir paz en tu vida con arroyos de
tierno canto, con aguas de cristal que
bañen tus cabellos de ángel.
Y mis manos para bañar tu cuerpo con
el fulgor que desprenden mis caricias,
recorriendo paso a paso la candela viva
en tí. Sentir sobre mis dedos como late
tu corazón, recorriendo mi pasión
por tus venas que riegan al sembrío
de tu hermosura.
Cosechar día a día los besos de tu boca
como fruto de dulce sabor. Guardar día a
día tu mirada de tumulto de galaxias,
explotando su belleza sobre éste humilde
hombre tuyo.
Y recoger tu mano cuando ya el tiempo
sobre nosotros sea escaso, y seguir
contemplándote como vez primera, como
la misma estrella de hermosa luz.
Esa es mi promesa, sobre este mismo
cielo que contó letra a letra el
juramento de mi corazón.
bajo este infinito dintel de nubes,
para tí, mi sueño, es enarbolar
éste amor sobre la estela más
alta del cielo.
Allá, donde los soles tan solo son
guijarros deambulando serenos.
Donde la luz brilla como milagro
a la redención, donde nuestra historia
se borda eterna con magníficas
lunas de esplendido resplandor.
¡Y prometerte el universo si pudiera!,
tenjiéndolo con eslabones de amaneceres,
uno a uno, adornando tu cuello
de leche y rosas.
Y sobre tu piel bañanda en perlas,
vestirla con las ropas de mis labios,
con cada beso dibujar suaves brechas
de seda para que te vistan como
viste el pasto al campo.
Sobre tus ojos de miel, retoñar
mil violetas para que siempre adornen
la calzada de tu vida. Sembrar en la
magia de tus pupilas el blanco de las
acacias para pintar tus horizontes con
cascadas constantes de arcoiris.
Y sentir el peso de una lágrima tuya
como si fueran mil mías, una estocada
en tu corazón como mi muerte sobre tu
pecho, un día de lluvia en tu ventana como
un paseo por el infierno,
Mas aún así regalarte una sonrisa que te
envuelva como el viento, una esperanza
nueva como brotes de bambú en el
remanso.
Vertir paz en tu vida con arroyos de
tierno canto, con aguas de cristal que
bañen tus cabellos de ángel.
Y mis manos para bañar tu cuerpo con
el fulgor que desprenden mis caricias,
recorriendo paso a paso la candela viva
en tí. Sentir sobre mis dedos como late
tu corazón, recorriendo mi pasión
por tus venas que riegan al sembrío
de tu hermosura.
Cosechar día a día los besos de tu boca
como fruto de dulce sabor. Guardar día a
día tu mirada de tumulto de galaxias,
explotando su belleza sobre éste humilde
hombre tuyo.
Y recoger tu mano cuando ya el tiempo
sobre nosotros sea escaso, y seguir
contemplándote como vez primera, como
la misma estrella de hermosa luz.
Esa es mi promesa, sobre este mismo
cielo que contó letra a letra el
juramento de mi corazón.