Ákate
Poeta recién llegado
Aquí estoy, un viernes por la noche(23:15) escuchando el eco de los ruiseñores, están muy lejos.
Me cuesta mucho escucharles pero siguen ahí , nunca se han marchado, se van y vuelven como el invierno y la primavera.
Mi cabeza sigue alta porque pronto el gato salvaje cazará esos dichosos pájaros(espero, quiero, deseo, necesito, por favor). Estoy recordando memorias pasadas, joder otra vez no.
ja, aquí estoy otra vez,
El ateo ortodoxo rezando
a la gran columna negra ,
aquel que lograra abandonara la
estepa ubérrima por su propio pie,
alzará la bandera negra y llegará
al mundo de los sueños.
Vaya, ya me estoy volviendo a poner barroco, tanta mierda me esta afectando la cabeza. Y me pregunto que tortura estará preparando dios para mi. Me pregunto, si muriese, ¿ quién lloraría, quien seria el primero en darse cuenta y cuantos los muchos que jamás lo descubrirían? ¿que cambiaria y que seguiría igual?
Y seguía esperando cabreado
a los grandes bueyes para arrasar
la gran estepa ubérrima;
sin exhalaciones, sin sudores,
sin tos ni mocos, demostrando
la preciosa fragilidad del ser
mientras imagino
besar los bellos
labios del lucero del alba.
Aargh, no se porque me rallo tanto la puta cabeza, no tiene sentido seguir con todo esto. Todo en mi memoria lo ocupa ese tren, el que llegó media hora tarde y lo jodió todo(Quizá no). Estaba ahí, atento, como una estatua, hasta que aquel vino y me salvo del destino autoimpuesto. Estuve ahí parado, imaginando como los cuervos besarían mis preciosos labios, labios crudos, verdes como la esperanza. Soy un muerto de nacimiento y odio este eco profundo, este que yo mismo creé.
Sin embargo sigo resignándome,
los ruiseñores vienen y van,
nunca se olvidan de su vital trabajo:
forzar el estimulo cobarde.
No quiero vender mi patria,
abandonar el teatro de la locura
y entregarme a la columna negra,
estoy feliz aquí.
Aquí termino este odioso poema, ya son la madrugada y veo desde mi ventana como la lluvia arropa las casas de enfrente, esta todo tranquilo. Escucho como los ruiseñores se esconden en sus nidos, están cansados de encontrar una razón para prohibirme. Mi gato se despereza en mis rodillas y vuelvo a mi cama, el hueco de mi cabeza esta curando, mañana será otro día, deseadme suerte.
Me cuesta mucho escucharles pero siguen ahí , nunca se han marchado, se van y vuelven como el invierno y la primavera.
Mi cabeza sigue alta porque pronto el gato salvaje cazará esos dichosos pájaros(espero, quiero, deseo, necesito, por favor). Estoy recordando memorias pasadas, joder otra vez no.
ja, aquí estoy otra vez,
El ateo ortodoxo rezando
a la gran columna negra ,
aquel que lograra abandonara la
estepa ubérrima por su propio pie,
alzará la bandera negra y llegará
al mundo de los sueños.
Vaya, ya me estoy volviendo a poner barroco, tanta mierda me esta afectando la cabeza. Y me pregunto que tortura estará preparando dios para mi. Me pregunto, si muriese, ¿ quién lloraría, quien seria el primero en darse cuenta y cuantos los muchos que jamás lo descubrirían? ¿que cambiaria y que seguiría igual?
Y seguía esperando cabreado
a los grandes bueyes para arrasar
la gran estepa ubérrima;
sin exhalaciones, sin sudores,
sin tos ni mocos, demostrando
la preciosa fragilidad del ser
mientras imagino
besar los bellos
labios del lucero del alba.
Aargh, no se porque me rallo tanto la puta cabeza, no tiene sentido seguir con todo esto. Todo en mi memoria lo ocupa ese tren, el que llegó media hora tarde y lo jodió todo(Quizá no). Estaba ahí, atento, como una estatua, hasta que aquel vino y me salvo del destino autoimpuesto. Estuve ahí parado, imaginando como los cuervos besarían mis preciosos labios, labios crudos, verdes como la esperanza. Soy un muerto de nacimiento y odio este eco profundo, este que yo mismo creé.
Sin embargo sigo resignándome,
los ruiseñores vienen y van,
nunca se olvidan de su vital trabajo:
forzar el estimulo cobarde.
No quiero vender mi patria,
abandonar el teatro de la locura
y entregarme a la columna negra,
estoy feliz aquí.
Aquí termino este odioso poema, ya son la madrugada y veo desde mi ventana como la lluvia arropa las casas de enfrente, esta todo tranquilo. Escucho como los ruiseñores se esconden en sus nidos, están cansados de encontrar una razón para prohibirme. Mi gato se despereza en mis rodillas y vuelvo a mi cama, el hueco de mi cabeza esta curando, mañana será otro día, deseadme suerte.
Última edición: