Maite Aranguren
Poeta que considera el portal su segunda casa
Sucumbí a la tentación de tus ojos marinos,
cometí pecado, por amar con devoción,
con fe ciega en el rosario de tus roces,
flagelándome, por quererte, por ser esa mi única ambición.
Hice penitencia con mil besos,
ungí tu cuerpo con mis labios,
cargué con la pesada cruz de mi deseo,
purgando, en tu pecho, mis pecados.
Al tacto de tus blancas manos, confesé cuanto te amaba,
alcé mis plegarias al cielo, implorando bendición,
excomulgando a quienes me advirtieron, de que este amor,
de tan puro, me condenaba, al infierno sin remisión.
Tus palabras, son mi único catecismo,
tu cuerpo, mi exclusiva religión,
hago de tus caricias un dogma,
imparto la doctrina que me ha enseñado tu amor.
cometí pecado, por amar con devoción,
con fe ciega en el rosario de tus roces,
flagelándome, por quererte, por ser esa mi única ambición.
Hice penitencia con mil besos,
ungí tu cuerpo con mis labios,
cargué con la pesada cruz de mi deseo,
purgando, en tu pecho, mis pecados.
Al tacto de tus blancas manos, confesé cuanto te amaba,
alcé mis plegarias al cielo, implorando bendición,
excomulgando a quienes me advirtieron, de que este amor,
de tan puro, me condenaba, al infierno sin remisión.
Tus palabras, son mi único catecismo,
tu cuerpo, mi exclusiva religión,
hago de tus caricias un dogma,
imparto la doctrina que me ha enseñado tu amor.
:: yo también comulgo y practico esta religión. Un fuerte abrazo y un besito