Himinglaeva
Poeta que considera el portal su segunda casa
Mi señor amante
Mi señor amante, más que desear hacer de este poema
una historia prohibida que me inspira. Anhelo y
deseo con vehemencia infinitas cosas de usted.
Deseo suprimir mis suspiros hasta sentir que el pecho me duela,
¡que ya no me sea posible respirar si no tengo su aliento!
Deseo gritar su nombre al cielo ¿Tendrá un nombre mi señor amante?
Un nombre para gritarlo ¡gritarlo en silencio!,
para que nadie lo escuche y puedas seguir viviendo siendo mío,
sólo mío, ¡un nombre que al imaginarlo me haga morderme los labios!
al hacerlo sentiré el sabor de la sangre que por usted arde,
recorriendo por mi piel, quemándola tal cual fueran sus manos.
Con ella escribiré mis más apasionadas fantasías,
los sueños que con usted he logrado tener,
son y serán los mas hermosos que jamás imaginé pudiese soñar.
Mi señor amante le nombraré protagonista de mis sueños,
autor de mis fantasías, escultor de mis deseos,
arquitecto de mi pasión, aliciente de mis angustias,
musa de mi inspiración.
He recibido tanto de usted, he recibido dotes de vida,
de fe y esperanza. Por eso clamo,
¡clamo por su nombre, mi señor amante!
Deseo que tome vida propia fuera de mis fantasías,
que se convierta en mi más hermosa realidad.
Deseo verlo surgir, nacer, vivir deseo verlo hacerlo para mi,
mientras en sus brazos yo podría de amor morir,
susurrando su nombre y mirando en sus ojos el reflejo
de los míos, que suspiran de amor por usted.
Mientras sus tibios labios se posan en los míos
sellando este pacto de entrega del alma,
y así con los labios unidos,
¡susurrar su nombre, mi señor amante!
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