Said_Nayib
Poeta recién llegado
Mi sexo perfecto es estar en un lugar bien acalorado, con una luz tenue pero que veamos los cuerpos, los gestos, sonido de una canción como el tatuaje de la redención, nunca desnudos, amante de los encajes, esperar a que la canción y los deseos lleguen poco a poco, sentarnos sobre la cama y mirarnos, mirarnos fijamente, con ese sonido de gemidos y corazones agitados, tocar suavemente nuestras pieles semidesnudas y sentir nuestras gotas de sudor, acercarnos poco a poco y besarnos apasionadamente, como queriendo acabar con los labios, que nuestras lenguas se entrelacen como cadenas, que mi mano tome tu pelo y lo hale hacia atrás y lamer deliciosamente su cuello, que mi nariz exhale sobre tu ser, que sus pechos desnudos se posen sobre mi pecho y sentir sus pesones duros igual que los míos, que las piernas tiemblen de placer. Luego le acostaría boca a abajo y miraría sus cabello sobre su espalda, le pediría al oído que dejase entrar mi mano sobre su abdomen y subirla un poco, colocar una posición donde sus nalgas semidesnudas sean aquellas que me miran, morderlas un poco y sentir como muerde los labios de su boca, acariciar tan lento mientras me toco un poco, observar lo que hay debajo de un encaje, sentirlo, besarlo por encima, ya estoy allí, pasar mi lengua suavemente por sus pequeños labios menores sin llegar al clítoris, solo sus labios, mirarla mientras la volteo boca arriba, abrirle con fuerza sus piernas y adentrarme por completo en ellas, bajar a tomar del elixir que emana el deseo, tomar sus nalgas con mis manos fuertemente mientras mi boca hace su trabajo y mis ojos se deleitan, cuando sienta que sus fluidos están en mi boca; se que es el instante donde tengo que entrar en usted, porque se que lo desea contundenmente, moverme suavemente para no lastimar en lo absoluto, cuando ya haya entrado por completo mirar mientras me muevo rápidamente y mordiendo mis labios, tocar su clítoris y frotis para que seamos ambos los que estemos tan excitados que no querramos venirnos. Luego pararemos y disfrutaremos nuevamente de nuestros cuerpos sudorosos, explorando nuevamente de ellos, besarnos fuertemente. Una vela va a llegar a nuestra noche y va ser ella la que nos dará ese placer que por tanto buscamos, la enciendo, dejo que se consuma un poco y le pido que se acueste boca a abajo, su espalda será el apocento de ese cebo que caerá de está vela testigo de la lujuria, cae la primera gota, usted no aguanta las ganas de morderse esos labios, no aguanta las ganas de tocarse usted misma, la segunda gota cae, usted y yo nos saboreamos y mientras nos tocamos. La vela se acaba y nosotros aun quedamos, no será la última ni la primera.