Nommo
Poeta veterano en el portal
No nos dieron la oportunidad ansiada.
Oros, copas, bastos y espadas...
Tréboles, picas, diamantes y corazones.
Blancas y negras, en el juego de Ajedrez. Había montones de jugadores.
Resolvimos quedarnos en casa, en lugar de salir a mojarnos, bajo la intensa lluvia.
Aquellas competiciones hacían que la vida refulgiera como una piedra preciosa.
Pero nuestra simpleza y monotonía características, como la soberanía e independencia de los catalanes,
nos devolvían la tranquilidad a las venas y así, abríamos el corazón para hablar con Dios,
porque el cielo responde. Era un asunto mental, y no tanto, victorioso por sobre nuestros adversarios.
Eran la inteligencia y la integridad, puestas al Servicio del texto escrito.
Poemas varios. Dibujos místicos. Inspiración en el cántico. Improvisación musical.
Lo pasábamos divinamente, aunque el Bien se compense con el Mal.
Y sentíamos esa energía del hogar, que adorna a la familia angelical.
Como unos santos de la Iglesia, en la parroquia, tras las rejas, en un pedestal.
Nos echaban monedas los feligreses, para que se encendieran automáticamente, las velas con bombillas.
Y daba la Misa el sacerdote, pendiente de esas estatuas revestidas de púrpura y dorado.
Pero nadie nos ha visto nunca, besarnos. Ni siquiera, los visitantes del museo del Prado.
Ni en el museo de cera de Madamme Tussaud, en Londres.
Ni en la capilla Sixtina, en Roma.
Je, je, je, no te asustes, que estoy hablando en broma. Pero mi semblante está serio.
¿ Por qué será ? Estoy sobrio y no ebrio.
¿ A quién voy a engañar ? De todas formas, son un hijo de hombre.
Un muchacho, por siempre. Entre Pinto y Valdemoro. Con la cabeza hueca.
Ni frío, ni calor. Cantante en un coro polifónico. Que nunca emigró a la Meca.
Te amo, te siento, te noto, te toco... Eres mi sinfonía de Bach, a tres voces.
Oros, copas, bastos y espadas...
Tréboles, picas, diamantes y corazones.
Blancas y negras, en el juego de Ajedrez. Había montones de jugadores.
Resolvimos quedarnos en casa, en lugar de salir a mojarnos, bajo la intensa lluvia.
Aquellas competiciones hacían que la vida refulgiera como una piedra preciosa.
Pero nuestra simpleza y monotonía características, como la soberanía e independencia de los catalanes,
nos devolvían la tranquilidad a las venas y así, abríamos el corazón para hablar con Dios,
porque el cielo responde. Era un asunto mental, y no tanto, victorioso por sobre nuestros adversarios.
Eran la inteligencia y la integridad, puestas al Servicio del texto escrito.
Poemas varios. Dibujos místicos. Inspiración en el cántico. Improvisación musical.
Lo pasábamos divinamente, aunque el Bien se compense con el Mal.
Y sentíamos esa energía del hogar, que adorna a la familia angelical.
Como unos santos de la Iglesia, en la parroquia, tras las rejas, en un pedestal.
Nos echaban monedas los feligreses, para que se encendieran automáticamente, las velas con bombillas.
Y daba la Misa el sacerdote, pendiente de esas estatuas revestidas de púrpura y dorado.
Pero nadie nos ha visto nunca, besarnos. Ni siquiera, los visitantes del museo del Prado.
Ni en el museo de cera de Madamme Tussaud, en Londres.
Ni en la capilla Sixtina, en Roma.
Je, je, je, no te asustes, que estoy hablando en broma. Pero mi semblante está serio.
¿ Por qué será ? Estoy sobrio y no ebrio.
¿ A quién voy a engañar ? De todas formas, son un hijo de hombre.
Un muchacho, por siempre. Entre Pinto y Valdemoro. Con la cabeza hueca.
Ni frío, ni calor. Cantante en un coro polifónico. Que nunca emigró a la Meca.
Te amo, te siento, te noto, te toco... Eres mi sinfonía de Bach, a tres voces.
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