Claridad
Poeta que considera el portal su segunda casa
Te tuve en mis sueños
con calor precioso,
con ese ambiente de tranquilidad y paz.
Estabas hermosa y pura,
digna de ser una estrella,
que bien no deseaba ser distante.
Entonces
empecé a aferrarme a tu cuello
para no soltarme de ti nunca,
aunque en mi mente dentro del sueño
sabía que estabas muerta…
no me importó.
Nos sentamos en algo así
como en una gran silla al lado de un rosal,
igual que aquellos que solías cuidar todos lo días.
Y así
comencé a contarte
tantas cosas de mi vida después de ti,
como que ya tengo novio,
y que me quiero casar con él.
Que él, es un ser de luz.
Que tengo otro papá y
me ama fuertemente,
y una mamá nueva
que me recuerda tanto a ti.
Sonreíste dulcemente.
Te comenté que viví tormentas,
pero ya escamparon mis dolores,
y que de tantas caídas y errores
volví amada a la vida.
Me diste un abrazo lleno de tanta nostalgia,
pues tanta dicha era tu ida,
y aunque mil veces te pedí que te quedaras,
tus pasos ya estaban lejos de mis fronteras.
Y aunque mil veces tus caminos seguías
mis pies solos se quedaron en el rosal,
la silla grande
y mi soledad de amarte.
con calor precioso,
con ese ambiente de tranquilidad y paz.
Estabas hermosa y pura,
digna de ser una estrella,
que bien no deseaba ser distante.
Entonces
empecé a aferrarme a tu cuello
para no soltarme de ti nunca,
aunque en mi mente dentro del sueño
sabía que estabas muerta…
no me importó.
Nos sentamos en algo así
como en una gran silla al lado de un rosal,
igual que aquellos que solías cuidar todos lo días.
Y así
comencé a contarte
tantas cosas de mi vida después de ti,
como que ya tengo novio,
y que me quiero casar con él.
Que él, es un ser de luz.
Que tengo otro papá y
me ama fuertemente,
y una mamá nueva
que me recuerda tanto a ti.
Sonreíste dulcemente.
Te comenté que viví tormentas,
pero ya escamparon mis dolores,
y que de tantas caídas y errores
volví amada a la vida.
Me diste un abrazo lleno de tanta nostalgia,
pues tanta dicha era tu ida,
y aunque mil veces te pedí que te quedaras,
tus pasos ya estaban lejos de mis fronteras.
Y aunque mil veces tus caminos seguías
mis pies solos se quedaron en el rosal,
la silla grande
y mi soledad de amarte.