jose villa
Poeta que considera el portal su segunda casa
la dificultad consistía en que el barco había sido
construido para navegar solo en agua dulce
los cerebros de los constructores debían estar influidos
por alguna clase de melancolía antediluviana difícil de
extirpar
trabajaron de noche a lo largo de un año y cuando su
obra estuvo finalizada desaparecieron sigilosamente
entre las palmeras
después de ello llegamos a escuchar extraños sonidos
provenientes del centro de la isla, hacia la parte donde
quedan los volcanes
cuando tuvimos la certeza de la imposibilidad de que la
nave resistiera las olas trasladamos las cosas de las
cabañas a los camarotes y en la cubierta construimos un
corral para los animales y jaulas para los pájaros
y si bien es verdad que no podíamos hacernos a la mar
aun nos quedaba el consuelo de permanecer largas horas
dentro del salón de pasajeros
y allí dentro hablábamos de los lagos que había en el
interior de la isla y de remontar el río para ir en busca
de esclavos al otro lado de las montañas
habíamos encontrado restos de pequeñas efigies de piedra
en las cercanías y cuando el viento dejaba de soplar y
el rumor de las olas se aplacaba había quien alcanzaba a
distinguir un lejano tam tam nocturno
sin embargo pasó el tiempo y a fin de cuentas terminamos
por enfangarnos en una especie de rutina ociosa en la
que prevalecía dormitar o simplemente dejar vagar la
mirada a lo lejos
nunca pasaba nada
y entonces un buen día aparecieron las nubes y comenzó
a llover
y a llover
y a llover
construido para navegar solo en agua dulce
los cerebros de los constructores debían estar influidos
por alguna clase de melancolía antediluviana difícil de
extirpar
trabajaron de noche a lo largo de un año y cuando su
obra estuvo finalizada desaparecieron sigilosamente
entre las palmeras
después de ello llegamos a escuchar extraños sonidos
provenientes del centro de la isla, hacia la parte donde
quedan los volcanes
cuando tuvimos la certeza de la imposibilidad de que la
nave resistiera las olas trasladamos las cosas de las
cabañas a los camarotes y en la cubierta construimos un
corral para los animales y jaulas para los pájaros
y si bien es verdad que no podíamos hacernos a la mar
aun nos quedaba el consuelo de permanecer largas horas
dentro del salón de pasajeros
y allí dentro hablábamos de los lagos que había en el
interior de la isla y de remontar el río para ir en busca
de esclavos al otro lado de las montañas
habíamos encontrado restos de pequeñas efigies de piedra
en las cercanías y cuando el viento dejaba de soplar y
el rumor de las olas se aplacaba había quien alcanzaba a
distinguir un lejano tam tam nocturno
sin embargo pasó el tiempo y a fin de cuentas terminamos
por enfangarnos en una especie de rutina ociosa en la
que prevalecía dormitar o simplemente dejar vagar la
mirada a lo lejos
nunca pasaba nada
y entonces un buen día aparecieron las nubes y comenzó
a llover
y a llover
y a llover