MadridBohemio
Poeta recién llegado
Tú, retriste, terminas de escribirme:
"...no me mires con ojos de hombre..."
y yo respondo:
"No te miro,
te imagino todo el día con la ropa rasgada,
el vientre desnudo, la piel lozana,
ardiente y suave
como un coral en su mundo ultramarino..."
En mis manos de desierto un oasis de azucenas
construyo en un segundo de tu mirada.
Un sueño que combate la penumbra.
Despierta.
Sorpresa.
La luz converge en los ojos.
Sus ojos.
La realidad penetra en los ojos.
Mis ojos.
¡Que pena crear vacíos de luz repletos!
¡Qué lástima suplir con luz
tú...
la oscuridad divina...
sinuosa!
Súbitamente recuerdo tu respiración sobre mi piel.
Pausada. Tibia. Sedienta.
Su áura está en mi mente, permanente, es mujer.
Mujer.
Mujer.
Mujer la nieve.
Blanca. Pura. Virgen.
Mujer la hierva.
Verde. Fresca. Serena.
Y ahora, por siempre, en mi torso una inicial...
"...no me mires con ojos de hombre..."
y yo respondo:
"No te miro,
te imagino todo el día con la ropa rasgada,
el vientre desnudo, la piel lozana,
ardiente y suave
como un coral en su mundo ultramarino..."
En mis manos de desierto un oasis de azucenas
construyo en un segundo de tu mirada.
Un sueño que combate la penumbra.
Despierta.
Sorpresa.
La luz converge en los ojos.
Sus ojos.
La realidad penetra en los ojos.
Mis ojos.
¡Que pena crear vacíos de luz repletos!
¡Qué lástima suplir con luz
tú...
la oscuridad divina...
sinuosa!
Súbitamente recuerdo tu respiración sobre mi piel.
Pausada. Tibia. Sedienta.
Su áura está en mi mente, permanente, es mujer.
Mujer.
Mujer.
Mujer la nieve.
Blanca. Pura. Virgen.
Mujer la hierva.
Verde. Fresca. Serena.
Y ahora, por siempre, en mi torso una inicial...
TU NOMBRE.