Ereshkigal
Poeta recién llegado
Mi rostro, porcelana de pintura,
de pálida hermosura,
careta inexpresiva y reprimida;
dejando mi alegría sometida,
ante muertos con vida,
que se engañan, simulando cordura.
Mis ojos, que derraman sangre oscura,
lloran con amargura,
tres lágrimas de pena resumida,
mostrando lo profundo de la herida,
la crítica escondida,
que asoma como un manto de negrura.
Mi cuerpo, adornado con encajes,
expresión de mi gusto refinado,
sutil y delicado,
vestido de luto para ocultarme.
Y mis labios en negro he delineado,
cuando quiero duramente expresarme.
Más para enamorarme
serán rojos, ardientes y salvajes.
En mi cuello uso una cruz invertida,
no es de fe pervertida,
como generalmente se me acusa.
Más bien es una crítica al que abusa,
de pobre gente ilusa,
que sin su religión está perdida.
Y una rosa negra llevo prendida,
con cuidado escogida,
adornando el escote de mi blusa.
La belleza mítica de una musa
que a todos engatusa,
es mi exótica apariencia asumida.
Por último, mi anillo como garra,
para verme distante y peligrosa,
cual delicada rosa,
que con fieras espinas se defiende.
Y es que mi vestimenta no es graciosa,
muy ciego el que mi aspecto no comprende
pues de esto se desprende
que es más profundo lo que me desgarra.
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:: no volverá a pasar ::
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