Malex
Poeta recién llegado
Esperè como exiliado al Inframundo,
sosteniendo con el maxilar marmòleo
lingotes aùricos de metal blando
del lado negativo de la balanza,
mi suspicacia te desterraba diosa
del Olimpo en la memoria,
desdichado Ades por Zeus.
Intentè con vanas acciones
volverte una mortal hercùlea,
pero tu mirada y la ultravioleta
derritiò las alas que edifiquè
cuàl pasional Icaro sordo
hasta los abismos agrietados
y marinos del Tàrtalo.
Forzado vìme a ceder
ante los mil y un laberintos
de tu dorsal basta,
vanagloriado y resignado
hijo bastardo de Minos.
En silentes oportunidades
mi capacidad quizò fecundarte
mientras callada te erijìas
tan perspicaz y astutamente
lo hiciera Jùpiter excitado
a la benevolente, mansa Afròdita.
Pensar en ti es morir de sed,
de pie y junto al rio,
no poder sorber con los labios
como Tàntalo asi lo quiciese
en ese suplicio eterno
de tus necesidades, mujer.
No me mires
dieidad sin carruaje o
petrificado estarè sin merecerlo
con Medusa en su jardìn
atestado de ònix, màrmol y làpizlàzuli.
Bebì el fuego que despide
tu pestañeo blanco,
no sin antes quemarme
fui condenado sin fianzas
a que mis entrañas fueran devoradas
por los buitres de tu indiferencia,
malaventurado Prometeo cualquiera.
Deriva magnifìca
que envuelves como una madre
la ignorancia opulenta
de todo tu oceàno, Poseidòn.
Càrcel decadente en medio de borrasca,
Cronos piadoso concedemè
un tercio de tu compasiòn.
Y arriba en las aristòcratas rocas
yace glorioso el templo Olìmpico,
tu rostro tallado en los frontispicios diviso
lejos, muy lejos.
sosteniendo con el maxilar marmòleo
lingotes aùricos de metal blando
del lado negativo de la balanza,
mi suspicacia te desterraba diosa
del Olimpo en la memoria,
desdichado Ades por Zeus.
Intentè con vanas acciones
volverte una mortal hercùlea,
pero tu mirada y la ultravioleta
derritiò las alas que edifiquè
cuàl pasional Icaro sordo
hasta los abismos agrietados
y marinos del Tàrtalo.
Forzado vìme a ceder
ante los mil y un laberintos
de tu dorsal basta,
vanagloriado y resignado
hijo bastardo de Minos.
En silentes oportunidades
mi capacidad quizò fecundarte
mientras callada te erijìas
tan perspicaz y astutamente
lo hiciera Jùpiter excitado
a la benevolente, mansa Afròdita.
Pensar en ti es morir de sed,
de pie y junto al rio,
no poder sorber con los labios
como Tàntalo asi lo quiciese
en ese suplicio eterno
de tus necesidades, mujer.
No me mires
dieidad sin carruaje o
petrificado estarè sin merecerlo
con Medusa en su jardìn
atestado de ònix, màrmol y làpizlàzuli.
Bebì el fuego que despide
tu pestañeo blanco,
no sin antes quemarme
fui condenado sin fianzas
a que mis entrañas fueran devoradas
por los buitres de tu indiferencia,
malaventurado Prometeo cualquiera.
Deriva magnifìca
que envuelves como una madre
la ignorancia opulenta
de todo tu oceàno, Poseidòn.
Càrcel decadente en medio de borrasca,
Cronos piadoso concedemè
un tercio de tu compasiòn.
Y arriba en las aristòcratas rocas
yace glorioso el templo Olìmpico,
tu rostro tallado en los frontispicios diviso
lejos, muy lejos.