DARIO ALVAREZ
Poeta asiduo al portal
Mi Última Tristeza
Luego de rezar el rosario de María,
luego de nombrarte con mi melancolía,
una noche quisiera quedarme así dormido
y acabar de no saber que aquí he sufrido.
Tener junto a mi pecho un nardo, una violeta,
y al viaje yo llevarles en mi estrecha maleta,
aspirar su aroma y no saber su nombre
y sin embargo amarles con ese amor de hombre.
Firmar mi testamento y a los hijos dilectos
darles por herencia mis postreros afectos.
Decirles en silencio que quise ser poeta,
decirles que en su tierra el hombre no es profeta.
Como estropeada vaga la hoja por el suelo,
dejar que vague mi alma sin hallar consuelo;
decirle a Dios, decirle: ¡Ya vengo a tu llamado!,
decirle ¡dame un puesto en tu derecho lado!.
Después de abandonar cual a un hijo un suspiro,
no encontrar mi mente ni todo lo que miro;
dejar anochecer con lágrimas mis ojos
y empezar a helarme con todos mis despojos.
Crepúsculo del alma, pausada hora del día,
hora colmada del ícono de mi agonía,
ésta noche quisiera quedarme así dormido
y acabar de no saber que yo he vivido.
Quito, septiembre 10 de 1999.
AUTOR: DARÍO ALVAREZ
PAÍS: ECUADOR
Luego de rezar el rosario de María,
luego de nombrarte con mi melancolía,
una noche quisiera quedarme así dormido
y acabar de no saber que aquí he sufrido.
Tener junto a mi pecho un nardo, una violeta,
y al viaje yo llevarles en mi estrecha maleta,
aspirar su aroma y no saber su nombre
y sin embargo amarles con ese amor de hombre.
Firmar mi testamento y a los hijos dilectos
darles por herencia mis postreros afectos.
Decirles en silencio que quise ser poeta,
decirles que en su tierra el hombre no es profeta.
Como estropeada vaga la hoja por el suelo,
dejar que vague mi alma sin hallar consuelo;
decirle a Dios, decirle: ¡Ya vengo a tu llamado!,
decirle ¡dame un puesto en tu derecho lado!.
Después de abandonar cual a un hijo un suspiro,
no encontrar mi mente ni todo lo que miro;
dejar anochecer con lágrimas mis ojos
y empezar a helarme con todos mis despojos.
Crepúsculo del alma, pausada hora del día,
hora colmada del ícono de mi agonía,
ésta noche quisiera quedarme así dormido
y acabar de no saber que yo he vivido.
Quito, septiembre 10 de 1999.
AUTOR: DARÍO ALVAREZ
PAÍS: ECUADOR