Decidí madrugar con un descanso tan miserable
que parece desvanecerse antes de llegar,
con escarcha sobre mis pelotas
que me las pone densas.
Me he obligado
pero, ¿cuándo llega la independencia?
Soy dueño de los mismos instintos
que de bebé me hacían ponerme rojo.
Tengo el control sobre una redundancia
y un etcétera tan lleno de ocio
que para no deprimirme
todos los días
tendría que llamarle felicidad.
Me levanto y empieza el auto-convencimiento:
estoy (feliz),
entre paréntesis
para esquivar
el debate.
Nadie me ha obligado a esto
y las circunstancias de pronto podrían cambiar
pero el verdadero problema
es que detrás de la armadura
estoy yo.
que parece desvanecerse antes de llegar,
con escarcha sobre mis pelotas
que me las pone densas.
Me he obligado
pero, ¿cuándo llega la independencia?
Soy dueño de los mismos instintos
que de bebé me hacían ponerme rojo.
Tengo el control sobre una redundancia
y un etcétera tan lleno de ocio
que para no deprimirme
todos los días
tendría que llamarle felicidad.
Me levanto y empieza el auto-convencimiento:
estoy (feliz),
entre paréntesis
para esquivar
el debate.
Nadie me ha obligado a esto
y las circunstancias de pronto podrían cambiar
pero el verdadero problema
es que detrás de la armadura
estoy yo.