mauricio aguirre
Poeta fiel al portal
Luceros brillan, el alba asoma,
mi Venus nace, los pétalos brotan
divina es la luz de su sonrisa
y el encanto de su aroma.
Dicha habita en mis ojos que al verla
explotan,
junto con los deseos infinitos de mi alma
que añora abrasar su centro de azúcar,
y escuchar la canción que exclame:
Mi Venus, mi diosa, pura gota de rocío
luciente sol de mi vida,
dulce rostro tierno, engalanado
de guirnaldas.
fecundo ombligo celestial, engendrando
ninfas vestidas con perlas y mar.
¡oh mi Venus , mi beldad suprema!
de geografía pura, sin grieta en la piel,
he de ser eternamente el topógrafo
de las avenidas y senderos de tu imagen.
para gloria de los que no te han visto
ni en un solo instante.
Entregate a mis brazos y duermete,
Dame el amor para ofrendarte divina
doncella de mis afanes,
anunciame el principio de mi libre
albedrío,
envuelveme en burbujas marítimas,
aquellas que inspiraron los poemas,
las que impresionaron a los que en el infinito
océano morían contemplando, y que al final
solo veian ficticias imagenes en su razonamiento
abstracto para dibujarte hermosos retratos,
y que hoy en medio de algarabías contemplan
tu nacimiento,
en el jardín de las delicias,
como un sortilegio sacro santo,
fundido en el sutil crisol de las divinas esencias.
mi Venus nace, los pétalos brotan
divina es la luz de su sonrisa
y el encanto de su aroma.
Dicha habita en mis ojos que al verla
explotan,
junto con los deseos infinitos de mi alma
que añora abrasar su centro de azúcar,
y escuchar la canción que exclame:
Mi Venus, mi diosa, pura gota de rocío
luciente sol de mi vida,
dulce rostro tierno, engalanado
de guirnaldas.
fecundo ombligo celestial, engendrando
ninfas vestidas con perlas y mar.
¡oh mi Venus , mi beldad suprema!
de geografía pura, sin grieta en la piel,
he de ser eternamente el topógrafo
de las avenidas y senderos de tu imagen.
para gloria de los que no te han visto
ni en un solo instante.
Entregate a mis brazos y duermete,
Dame el amor para ofrendarte divina
doncella de mis afanes,
anunciame el principio de mi libre
albedrío,
envuelveme en burbujas marítimas,
aquellas que inspiraron los poemas,
las que impresionaron a los que en el infinito
océano morían contemplando, y que al final
solo veian ficticias imagenes en su razonamiento
abstracto para dibujarte hermosos retratos,
y que hoy en medio de algarabías contemplan
tu nacimiento,
en el jardín de las delicias,
como un sortilegio sacro santo,
fundido en el sutil crisol de las divinas esencias.