Felipe Antonio Santorelli
Poeta que considera el portal su segunda casa
Desde la ventana del triste manicomio,
observo irrequieto la realidad mundana,
carezco del ayer, no tengo ya mañana,
nadie me saluda, ni otorga algún encomio.
Quizás tenga hermanos, incluso alguna madre;
¿cómo puedo de saberlo si estoy trastornado?,
soy sólo una hoja en viento huracanado;
tal ves yo tenga esposa, quizá ya sea padre...
Me hago avioncitos y barcos de papel;
sin papel, tan sólo con la imaginación;
¡si tan sólo no hubiera tanta confusión!
¿El mundo no sería cual albo vergel?
Nadie me visita, nadie me acompaña
es que soy vergüenza para la familia,
porque vivo ensueños aun en la vigilia,
tengo tics nerviosos y una que otra maña.
Nadie me acompaña, nadie me visita,
niegan mi existencia frente a sus amigos,
pues de mi demencia todos son testigos,
soy juglar de ausencias, solo un eremita.
Todos mis silencios son como poesía,
son cual néctar suave, dulce y generoso,
nutren mis secretos, liban mi reposo;
todas mis penurias son de fantasía.
¿Cuál es el origen de ésta mi locura?
Pues, la soledad.
¿Cuál es la clausura de ésta mi amargura?
La felicidad...
Desde la ventana de este manicomio
observo silente la verdad virtual,
y aunque yo la fraguo, es tan natural
que no busco halago ni requiero encomio.
Me da casi lo mismo que nadie me visite,
con tal que todos callen, que ya nadie me grite.
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observo irrequieto la realidad mundana,
carezco del ayer, no tengo ya mañana,
nadie me saluda, ni otorga algún encomio.
Quizás tenga hermanos, incluso alguna madre;
¿cómo puedo de saberlo si estoy trastornado?,
soy sólo una hoja en viento huracanado;
tal ves yo tenga esposa, quizá ya sea padre...
Me hago avioncitos y barcos de papel;
sin papel, tan sólo con la imaginación;
¡si tan sólo no hubiera tanta confusión!
¿El mundo no sería cual albo vergel?
Nadie me visita, nadie me acompaña
es que soy vergüenza para la familia,
porque vivo ensueños aun en la vigilia,
tengo tics nerviosos y una que otra maña.
Nadie me acompaña, nadie me visita,
niegan mi existencia frente a sus amigos,
pues de mi demencia todos son testigos,
soy juglar de ausencias, solo un eremita.
Todos mis silencios son como poesía,
son cual néctar suave, dulce y generoso,
nutren mis secretos, liban mi reposo;
todas mis penurias son de fantasía.
¿Cuál es el origen de ésta mi locura?
Pues, la soledad.
¿Cuál es la clausura de ésta mi amargura?
La felicidad...
Desde la ventana de este manicomio
observo silente la verdad virtual,
y aunque yo la fraguo, es tan natural
que no busco halago ni requiero encomio.
Me da casi lo mismo que nadie me visite,
con tal que todos callen, que ya nadie me grite.
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