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Mi voz se apaga.
Como espumas blanquecinas sobre
la triste y fría arena mojada,
quedan en el suelo de la playa
restos de mis esperanzas,
palabras que no llegaron
que en el mecer del mar se extraviaron.
¡ Se quiebra mi aliento,
mi voz se apaga.!
La brisa del atardecer
enfrenta mi rostro, me reclama.
Su frialdad me ubica en la realidad
que siente mi alma, la realidad
de estar solo,
al frente de un mar en calma.
En el silencio de mi existencia,
busco en el horizonte algo de armonía,
atardecer hermoso, escenario
donde se mezclan los colores,
nubes antes blancas se transforman
en grises y anaranjados,
lilas y púrpuras, ahora
aúllan llamando a la penumbra.
Ahora mi pies descalzos
mojados por las pequeñas olas,
desviste mi espíritu, desnudo, ya
devastan mi voluntad, rompen
el lugar donde guarde mis ilusiones,
ellas se desbordan como el agua
en un cántaro roto,
se pierden en un solo llanto.
El sonido que impone el majestuoso
océano, me sentencia a los recuerdos
alegres que viví en otras playas,
playas tan distantes que ya mi
mente no recordaba.
Bandadas de gaviotas que en otros
tiempos mostraba a mis hijos riendo,
les decía que regresaban a sus nidos.
Hoy solo evoco todo lo perdido.
Triste suplicio, noble agonía.
¿En qué lugar del mundo, estaré
para no recordarla.?
Veo a lo lejos la silueta de una barca,
regresando a puerto afortunados ellos
alguien los espera, está allí su amada,
yo solo tengo la ropa
con la que estoy vestido,
y un corazón herido que late solo con su mirada.
Reconozco me doy por vencido.
¿Donde ir, igual nadie me espera?
la soledad es mi compañera.
Mañana es otro día, ahora en la penumbra
de la noche busco fuerzas en mí ser
para que la oscuridad no invada mi alma,
el frío me muestra la inclemencia del destierro.
Situación no esperada, pero en honor
a la verdad asumo sus riesgos.
no quiero dejar la playa.
No quiero partir quiero enfriar mi cuerpo
hasta que se haga hielo, duro como el iceberg
de sus sentimientos.
Sentir que mi alma es un gélido rincón
donde no llega la luz
de su voz ni del mañana, quedarme dormido
cerca del agua,
que las Hadas y Ángeles me muestren otros caminos.
Entregar mi alma y mi ser al olvido,
y dejar que el mar me sumerja,
en sus tinieblas para no saber más de ella,
regresar a la playa como espuma
blanquecinas inertes sin sentimientos.
Inertes como los anhelos perdidos.
Perdidos sin el agora de sus besos
que siempre me regresaron al camino.
¿Por qué tanto desprecio?
Esto no lo merezco.
CREAZZOLA EUGENIO. LIMA PERU. 24 NOV 2009.
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Mi voz se apaga.
Como espumas blanquecinas sobre
la triste y fría arena mojada,
quedan en el suelo de la playa
restos de mis esperanzas,
palabras que no llegaron
que en el mecer del mar se extraviaron.
¡ Se quiebra mi aliento,
mi voz se apaga.!
La brisa del atardecer
enfrenta mi rostro, me reclama.
Su frialdad me ubica en la realidad
que siente mi alma, la realidad
de estar solo,
al frente de un mar en calma.
En el silencio de mi existencia,
busco en el horizonte algo de armonía,
atardecer hermoso, escenario
donde se mezclan los colores,
nubes antes blancas se transforman
en grises y anaranjados,
lilas y púrpuras, ahora
aúllan llamando a la penumbra.
Ahora mi pies descalzos
mojados por las pequeñas olas,
desviste mi espíritu, desnudo, ya
devastan mi voluntad, rompen
el lugar donde guarde mis ilusiones,
ellas se desbordan como el agua
en un cántaro roto,
se pierden en un solo llanto.
El sonido que impone el majestuoso
océano, me sentencia a los recuerdos
alegres que viví en otras playas,
playas tan distantes que ya mi
mente no recordaba.
Bandadas de gaviotas que en otros
tiempos mostraba a mis hijos riendo,
les decía que regresaban a sus nidos.
Hoy solo evoco todo lo perdido.
Triste suplicio, noble agonía.
¿En qué lugar del mundo, estaré
para no recordarla.?
Veo a lo lejos la silueta de una barca,
regresando a puerto afortunados ellos
alguien los espera, está allí su amada,
yo solo tengo la ropa
con la que estoy vestido,
y un corazón herido que late solo con su mirada.
Reconozco me doy por vencido.
¿Donde ir, igual nadie me espera?
la soledad es mi compañera.
Mañana es otro día, ahora en la penumbra
de la noche busco fuerzas en mí ser
para que la oscuridad no invada mi alma,
el frío me muestra la inclemencia del destierro.
Situación no esperada, pero en honor
a la verdad asumo sus riesgos.
no quiero dejar la playa.
No quiero partir quiero enfriar mi cuerpo
hasta que se haga hielo, duro como el iceberg
de sus sentimientos.
Sentir que mi alma es un gélido rincón
donde no llega la luz
de su voz ni del mañana, quedarme dormido
cerca del agua,
que las Hadas y Ángeles me muestren otros caminos.
Entregar mi alma y mi ser al olvido,
y dejar que el mar me sumerja,
en sus tinieblas para no saber más de ella,
regresar a la playa como espuma
blanquecinas inertes sin sentimientos.
Inertes como los anhelos perdidos.
Perdidos sin el agora de sus besos
que siempre me regresaron al camino.
¿Por qué tanto desprecio?
Esto no lo merezco.
CREAZZOLA EUGENIO. LIMA PERU. 24 NOV 2009.
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Mi voz se apaga.
Como espumas blanquecinas sobre
la triste y fría arena mojada,
quedan en el suelo de la playa
restos de mis esperanzas,
palabras que no llegaron
que en el mecer del mar se extraviaron.
¡ Se quiebra mi aliento,
mi voz se apaga.!
La brisa del atardecer
enfrenta mi rostro, me reclama.
Su frialdad me ubica en la realidad
que siente mi alma, la realidad
de estar solo,
al frente de un mar en calma.
En el silencio de mi existencia,
busco en el horizonte algo de armonía,
atardecer hermoso, escenario
donde se mezclan los colores,
nubes antes blancas se transforman
en grises y anaranjados,
lilas y púrpuras, ahora
aúllan llamando a la penumbra.
Ahora mi pies descalzos
mojados por las pequeñas olas,
desviste mi espíritu, desnudo, ya
devastan mi voluntad, rompen
el lugar donde guarde mis ilusiones,
ellas se desbordan como el agua
en un cántaro roto,
se pierden en un solo llanto.
El sonido que impone el majestuoso
océano, me sentencia a los recuerdos
alegres que viví en otras playas,
playas tan distantes que ya mi
mente no recordaba.
Bandadas de gaviotas que en otros
tiempos mostraba a mis hijos riendo,
les decía que regresaban a sus nidos.
Hoy solo evoco todo lo perdido.
Triste suplicio, noble agonía.
¿En qué lugar del mundo, estaré
para no recordarla.?
Veo a lo lejos la silueta de una barca,
regresando a puerto afortunados ellos
alguien los espera, está allí su amada,
yo solo tengo la ropa
con la que estoy vestido,
y un corazón herido que late solo con su mirada.
Reconozco me doy por vencido.
¿Donde ir, igual nadie me espera?
la soledad es mi compañera.
Mañana es otro día, ahora en la penumbra
de la noche busco fuerzas en mí ser
para que la oscuridad no invada mi alma,
el frío me muestra la inclemencia del destierro.
Situación no esperada, pero en honor
a la verdad asumo sus riesgos.
no quiero dejar la playa.
No quiero partir quiero enfriar mi cuerpo
hasta que se haga hielo, duro como el iceberg
de sus sentimientos.
Sentir que mi alma es un gélido rincón
donde no llega la luz
de su voz ni del mañana, quedarme dormido
cerca del agua,
que las Hadas y Ángeles me muestren otros caminos.
Entregar mi alma y mi ser al olvido,
y dejar que el mar me sumerja,
en sus tinieblas para no saber más de ella,
regresar a la playa como espuma
blanquecinas inertes sin sentimientos.
Inertes como los anhelos perdidos.
Perdidos sin el agora de sus besos
que siempre me regresaron al camino.
¿Por qué tanto desprecio?
Esto no lo merezco.
CREAZZOLA EUGENIO. LIMA PERU. 24 NOV 2009.
Gracias por tan hermosas rosas. Sabes que me encantan verdad? Un beso y un abrazo. Dios siempre contigo y conmigo. Siempre presente, Marie,Gracias Marie por su opinión.
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Mi voz se apaga.
Como espumas blanquecinas sobre
la triste y fría arena mojada,
quedan en el suelo de la playa
restos de mis esperanzas,
palabras que no llegaron
que en el mecer del mar se extraviaron.
¡ Se quiebra mi aliento,
mi voz se apaga.!
La brisa del atardecer
enfrenta mi rostro, me reclama.
Su frialdad me ubica en la realidad
que siente mi alma, la realidad
de estar solo,
al frente de un mar en calma.
En el silencio de mi existencia,
busco en el horizonte algo de armonía,
atardecer hermoso, escenario
donde se mezclan los colores,
nubes antes blancas se transforman
en grises y anaranjados,
lilas y púrpuras, ahora
aúllan llamando a la penumbra.
Ahora mi pies descalzos
mojados por las pequeñas olas,
desviste mi espíritu, desnudo, ya
devastan mi voluntad, rompen
el lugar donde guarde mis ilusiones,
ellas se desbordan como el agua
en un cántaro roto,
se pierden en un solo llanto.
El sonido que impone el majestuoso
océano, me sentencia a los recuerdos
alegres que viví en otras playas,
playas tan distantes que ya mi
mente no recordaba.
Bandadas de gaviotas que en otros
tiempos mostraba a mis hijos riendo,
les decía que regresaban a sus nidos.
Hoy solo evoco todo lo perdido.
Triste suplicio, noble agonía.
¿En qué lugar del mundo, estaré
para no recordarla.?
Veo a lo lejos la silueta de una barca,
regresando a puerto afortunados ellos
alguien los espera, está allí su amada,
yo solo tengo la ropa
con la que estoy vestido,
y un corazón herido que late solo con su mirada.
Reconozco me doy por vencido.
¿Donde ir, igual nadie me espera?
la soledad es mi compañera.
Mañana es otro día, ahora en la penumbra
de la noche busco fuerzas en mí ser
para que la oscuridad no invada mi alma,
el frío me muestra la inclemencia del destierro.
Situación no esperada, pero en honor
a la verdad asumo sus riesgos,
no quiero dejar la playa.
No quiero partir quiero enfriar mi cuerpo
hasta que se haga hielo, duro como el iceberg
de sus sentimientos.
Sentir que mi alma es un gélido rincón
donde no llega la luz
de su voz ni del mañana, quedarme dormido
cerca del agua,
que las Hadas y Ángeles me muestren otros caminos.
Entregar mi alma y mi ser al olvido,
y dejar que el mar me sumerja,
en sus tinieblas para no saber más de ella,
regresar a la playa como espuma
blanquecinas inertes sin sentimientos.
Inertes como los anhelos perdidos.
Perdidos sin el agora de sus besos
que siempre me regresaron al camino.
¿Por qué tanto desprecio?
Esto no lo merezco.
CREAZZOLA EUGENIO. LIMA PERU. 24 NOV 2009.
Hola pues aqui senti tu voz más potente que nunca eh?, no permitas que se apague tu voz, para qeu tu pluma sea el conducto para traernos tus palabras. Hay momentos de tristeza en que la vida se funde en silencios, pero sólo es un instante en el que el alma reposa para luego surgir con más fuerza. Saludos![]()
Mi voz se apaga.
Como espumas blanquecinas sobre
la triste y fría arena mojada,
quedan en el suelo de la playa
restos de mis esperanzas,
palabras que no llegaron
que en el mecer del mar se extraviaron.
¡ Se quiebra mi aliento,
mi voz se apaga.!
La brisa del atardecer
enfrenta mi rostro, me reclama.
Su frialdad me ubica en la realidad
que siente mi alma, la realidad
de estar solo,
al frente de un mar en calma.
En el silencio de mi existencia,
busco en el horizonte algo de armonía,
atardecer hermoso, escenario
donde se mezclan los colores,
nubes antes blancas se transforman
en grises y anaranjados,
lilas y púrpuras, ahora
aúllan llamando a la penumbra.
Ahora mi pies descalzos
mojados por las pequeñas olas,
desviste mi espíritu, desnudo, ya
devastan mi voluntad, rompen
el lugar donde guarde mis ilusiones,
ellas se desbordan como el agua
en un cántaro roto,
se pierden en un solo llanto.
El sonido que impone el majestuoso
océano, me sentencia a los recuerdos
alegres que viví en otras playas,
playas tan distantes que ya mi
mente no recordaba.
Bandadas de gaviotas que en otros
tiempos mostraba a mis hijos riendo,
les decía que regresaban a sus nidos.
Hoy solo evoco todo lo perdido.
Triste suplicio, noble agonía.
¿En qué lugar del mundo, estaré
para no recordarla.?
Veo a lo lejos la silueta de una barca,
regresando a puerto afortunados ellos
alguien los espera, está allí su amada,
yo solo tengo la ropa
con la que estoy vestido,
y un corazón herido que late solo con su mirada.
Reconozco me doy por vencido.
¿Donde ir, igual nadie me espera?
la soledad es mi compañera.
Mañana es otro día, ahora en la penumbra
de la noche busco fuerzas en mí ser
para que la oscuridad no invada mi alma,
el frío me muestra la inclemencia del destierro.
Situación no esperada, pero en honor
a la verdad asumo sus riesgos,
no quiero dejar la playa.
No quiero partir quiero enfriar mi cuerpo
hasta que se haga hielo, duro como el iceberg
de sus sentimientos.
Sentir que mi alma es un gélido rincón
donde no llega la luz
de su voz ni del mañana, quedarme dormido
cerca del agua,
que las Hadas y Ángeles me muestren otros caminos.
Entregar mi alma y mi ser al olvido,
y dejar que el mar me sumerja,
en sus tinieblas para no saber más de ella,
regresar a la playa como espuma
blanquecinas inertes sin sentimientos.
Inertes como los anhelos perdidos.
Perdidos sin el agora de sus besos
que siempre me regresaron al camino.
¿Por qué tanto desprecio?
Esto no lo merezco.
CREAZZOLA EUGENIO. LIMA PERU. 24 NOV 2009.
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