Jorge Buckingham
Poeta recién llegado
Repetí las palabras que Cristo nunca dijo,
cuando el filo de la nostalgia se alejaba
por la callejuela de las almas,
subestimando toda ensoñación.
Allá dejé mis armas,
mis colores y mis días;
ahogado en el fogón de un guiño clandestino:
ecos de balbuceos decantados.
Esa hierba crece como alfombra nocturna,
dejando atisbos para la imaginación:
la sangre de una luna de marfil,
quejido de inmensas oraciones.
Un solfeo reticente distrae
las monedas en mi pecho.
Un relámpago dibuja un cielo ausente,
cuando dejo de ser un extranjero
Solo queda el viento fresco del delirio.
cuando el filo de la nostalgia se alejaba
por la callejuela de las almas,
subestimando toda ensoñación.
Allá dejé mis armas,
mis colores y mis días;
ahogado en el fogón de un guiño clandestino:
ecos de balbuceos decantados.
Esa hierba crece como alfombra nocturna,
dejando atisbos para la imaginación:
la sangre de una luna de marfil,
quejido de inmensas oraciones.
Un solfeo reticente distrae
las monedas en mi pecho.
Un relámpago dibuja un cielo ausente,
cuando dejo de ser un extranjero
Solo queda el viento fresco del delirio.