Chrix
Poeta que considera el portal su segunda casa
Tus cabellos son zarcillos aferrados
a mis dedos
arramblando en mis noches
la vastedad de mis deseos.
Va el adalid de mis temores
con el pecho descubierto
en la tormenta de susurro,
enristrando la tibieza de un beso.
Y ahí estas mi enemiga,
con una frágil ofensiva,
una porción del combate es la magia
que despunta en la miel de tu saliva.
En la fragua del te quiero,
tu voz me arrastra al austro,
sobre el precipicio de tu cielo
desliándome en desvelo.
Hazme rehén de tu amanecer,
que mi pecho sea la ávida mordida
jamando el devenir de tu sombra,
vence mi aliento y lléname de tu hálito
en esta dulce guerra, te haré mía.