tyngui
Poeta que considera el portal su segunda casa
Todos poseemos la capacidad de ver un mismo color, una misma forma, escuchamos una misma canción, hacemos contacto con todas o la mayoría de las mismas cosas que los otros, e incorporamos sucesos en situaciones encontradas deliberadamente.
A lo largo de nuestras vidas, incorporamos frustraciones, aciertos, alegrías y tristezas. Estas emociones, entre otras serán en el transcurso de nuestra existencia, las herramientas capciosas que tendremos para tomar futuras disposiciones, en lo que respecta a nosotros mismos a la hora de emitir opiniones y o exteriorizarlas o no. Todos estos instrumentos sensitivos que hemos incorporado, nos harán diferenciar del resto, a la hora de considerar una postura determinada.
Lo que prima en nosotros es el poder de interpretación de lo que observamos, donde delimitamos y segmentamos buscando refugio en teorías interpretativas que se parezcan a las nuestras con el fin de pertenecer a determinado grupo de otras personas que observen lo que nosotros observamos.
Asombrosamente todos vemos la misma realidad, que luego envasamos en nuestras miserias, fascinaciones, frustraciones, emociones e ilusiones y todos los demenciales focos infecciosos contaminantes de nuestros propios sentidos.
En nosotros toma preponderancia la decisión primaria, nuestro propio ego, que luego intentaremos disimular con nuestros miedos, los que venimos cargando desde hace años.
Los miedos de los individuos de una sociedad, son una pieza fundamental en la no construcción ideas y opiniones, que mas tarde forjaran el débil desarrollo de la misma.
Será difícil librarnos de estos chips que se nos han sido colocados desde niños, en las futuras disyuntivas, sin embargo, por más que no lo digamos, muy dentro nuestro estaremos en disconformidad, pero por protocolo, que es un formato de miedo social, jamás diremos lo que pensamos.
Tal vez por no perder un amigo, una pareja, un puesto de trabajo, un círculo, un país, la libertad, la vida.
Siempre estaremos presos de nuestro miedo social.
A lo largo de nuestras vidas, incorporamos frustraciones, aciertos, alegrías y tristezas. Estas emociones, entre otras serán en el transcurso de nuestra existencia, las herramientas capciosas que tendremos para tomar futuras disposiciones, en lo que respecta a nosotros mismos a la hora de emitir opiniones y o exteriorizarlas o no. Todos estos instrumentos sensitivos que hemos incorporado, nos harán diferenciar del resto, a la hora de considerar una postura determinada.
Lo que prima en nosotros es el poder de interpretación de lo que observamos, donde delimitamos y segmentamos buscando refugio en teorías interpretativas que se parezcan a las nuestras con el fin de pertenecer a determinado grupo de otras personas que observen lo que nosotros observamos.
Asombrosamente todos vemos la misma realidad, que luego envasamos en nuestras miserias, fascinaciones, frustraciones, emociones e ilusiones y todos los demenciales focos infecciosos contaminantes de nuestros propios sentidos.
En nosotros toma preponderancia la decisión primaria, nuestro propio ego, que luego intentaremos disimular con nuestros miedos, los que venimos cargando desde hace años.
Los miedos de los individuos de una sociedad, son una pieza fundamental en la no construcción ideas y opiniones, que mas tarde forjaran el débil desarrollo de la misma.
Será difícil librarnos de estos chips que se nos han sido colocados desde niños, en las futuras disyuntivas, sin embargo, por más que no lo digamos, muy dentro nuestro estaremos en disconformidad, pero por protocolo, que es un formato de miedo social, jamás diremos lo que pensamos.
Tal vez por no perder un amigo, una pareja, un puesto de trabajo, un círculo, un país, la libertad, la vida.
Siempre estaremos presos de nuestro miedo social.
::, me gusta compartir pensamientos y perderme por los entresijos de la observación.