Mientras cae la nieve

Sommbras

Poeta adicto al portal
.
Heme aquí con ella en la proa del mundo, o fuera del mundo, tendidos al sol en la playa, soy alumbrado por el ojo estudioso, envuelto en ensueño, oculto a otros pensamientos, con acumuladora armonía escribiendo su inicial en la arena con la punta del pie...

Ella se me rasga en mi paño del sueño, voy levantándome de la cama.
Debí haber soñado lo que podría ser.
Me asomo para ver el día y nieva tras la ventana.
Un copo se retrasa, los ojos lo persiguen. Otro más lento, como
extraviado, se aleja. Y gira, luego vuelve. ¿No es igual ver nevar
que observar el baile de las palabras cuando se escribe un poema?
El frío de la alegría, sol en la palabra encontrada es.
La nieve es esa tinta blanca en la que se escribe el poema, tan
blanca esa tinta, que nos deslumbra, que nos hiere mientras
levitamos, porque escribir es ser y no sostener, tinta que nos
ilumina cuando somos el único poema, poema es la nieve pisoteada.

Ya la torre de la Iglesia está blanca. Bella siempre, aunque anclada en la tierra lleva faldas de metáforas acuáticas. Yo sigo entre miradas adormecidas, sigo encerrado en este cuerpo que ya no sabe nada. Hay un rumor de olas, mitad lamento, mitad
cólera que llega del sueño. Tu rostro, amor, breve como foto, ha
dejado de girar salvo por el cristal de mis gafas. Pude haber
bajado erógenas pendientes, pero el mar se ha dormido en mi
sueño. Dormido después de haber lanzado el ancla sobre tiempo
baldío, se ha dormido en la cavidad de la mirada.
Como pez siento haber nadado en la cama ahora que creo que el sueño ha desaparecido, pero he soñado que el amor es algo distinto de la vida humana.
Ahora se desliza por mi pecho la esperanza como un veneno. Yo que
hubiera debido hacer otra cosa mejor que intentar escribir el
tam-tam de los enamorados y encontrar el tam-tam de mi alegría,
yo que tendría que dejar de hervir tantas metáforas acuáticas,
dejar de aparentar ser el narrador de suaves flores, mejor buscar
qué hacer qué intentar, no decir más lo que ya se ha dicho y
redicho, y aunque mis ojos hagan ruido de palabras, tratarlas de usted, dejar de tutear con las palabras, hasta que la tierra beba mi sangre.

Los copos penetran el cielo, la nieve hace temblar los sueños de
las buganvillas y de los pimientos amodorrados en mi huerto.
La nieve va cubriendo todo hacia la sangradura de la torre de la iglesia, hacia el plano más bajo de los cielos, hacia el infinito.
La belleza de la nieve no tiene mayor fuerza que la flor de mi
sueño. Como el pensamiento ignora lo que estoy pensando, voy a
escribir algo de ello. Será una revelación en palabras por medio
de las palabras.

..
.


Chus


.
 
¿No es igual ver nevar
que observar el baile de las palabras cuando se escribe un poema?

NO SERA IGUAL,PERO LAS DOS COSAS HAY QUE VERLAS Y LEERLAS COMO ESTO QUE HAS ESRITO.ABRAZOS
 

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