He sentido la nostalgia de la golondrina en exilio,
la sed de las horas reciclando soledades,
pero nada es como el ángel de tu ausencia
subrayando un camino sin bandera ni destino.
He sentido el desembarco del abrazo final,
el verso como ceniza, el poema como contrición,
pero nada es como oírme sin tu voz,
replegado en el crepúsculo del corazón.
Quizás algún día, a lo mejor y cada tanto,
cuando la mirada de los pájaros sonrían
o cuando las raíces del desierto florezcan,
pueda como un niño volver a correr
con los brazos abiertos y extendidos
como cuando se va al encuentro de una madre.
Mientras tanto, mientras tanto...
En ese otro mundo que se ve
con los ojos de la luna
apenas si soy, sin vos, un nido sin sol.
la sed de las horas reciclando soledades,
pero nada es como el ángel de tu ausencia
subrayando un camino sin bandera ni destino.
He sentido el desembarco del abrazo final,
el verso como ceniza, el poema como contrición,
pero nada es como oírme sin tu voz,
replegado en el crepúsculo del corazón.
Quizás algún día, a lo mejor y cada tanto,
cuando la mirada de los pájaros sonrían
o cuando las raíces del desierto florezcan,
pueda como un niño volver a correr
con los brazos abiertos y extendidos
como cuando se va al encuentro de una madre.
Mientras tanto, mientras tanto...
En ese otro mundo que se ve
con los ojos de la luna
apenas si soy, sin vos, un nido sin sol.
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