Polver
http://issuu.com/revol5/docs/ujuygtgdxtg/1
Mientras te espero
Eres la mujer más hermosa,
silenciosa como ninguna; frágil hasta el alma,
transparente como el agua cristalina, como ausente como dispersa
tus ojos tristes, son limpios como el viento, oscuros como el ónix
no existe brillo tan profundo, no en esta vida;
brillo como el de tus ojos negros.
No hay sonrisa en el infinito universo expectante;
sonrisa tan encantadora como la que hermosea tu faz,
ni racimos de hebras del color de la noche tan perfectos,
como tu largo cabello.
Tus labios apenas dibujados cautivan la mirada más fría
y tu tenue luz inunda de latidos el corazón fracturado
hay en tus manos pétalos de flor, suspiros de algodón
que las vuelven tan delicadas, casi débiles, como inocentes
como rotas
toda eres, siempre bella, siempre distante,
como eternamente esperanzada y sutil
un sueño interminable;
fragmentos de jaspe flotando entre instantes vacíos;
partículas translúcidas adheridas al frío dulce de una tarde de idilio.
También tu cuerpo es ensueño, así, bajo el firmamento noctívago,
bajo las estrellas chispeantes
son esas horas vistiendo de luna tu piel,
las mismas que adornan el hálito de tu esencia elegante,
las mismas que vuelan libres con tu encanto gris
y tu atmósfera indiferente
siempre entristecida, siempre tú, siempre el perfume nostalgia;
acariciando como la lluvia, como el rocío que estruja la mañana
y vuelve cristal el suspiro invisible.
Así eres tú, flor nocturna, así son tus pétalos
y tu vástago y tu efluvio; así, mi dulce; dulce áster
Eres la mujer más hermosa,
silenciosa como ninguna; frágil hasta el alma,
transparente como el agua cristalina, como ausente como dispersa
tus ojos tristes, son limpios como el viento, oscuros como el ónix
no existe brillo tan profundo, no en esta vida;
brillo como el de tus ojos negros.
No hay sonrisa en el infinito universo expectante;
sonrisa tan encantadora como la que hermosea tu faz,
ni racimos de hebras del color de la noche tan perfectos,
como tu largo cabello.
Tus labios apenas dibujados cautivan la mirada más fría
y tu tenue luz inunda de latidos el corazón fracturado
hay en tus manos pétalos de flor, suspiros de algodón
que las vuelven tan delicadas, casi débiles, como inocentes
como rotas
toda eres, siempre bella, siempre distante,
como eternamente esperanzada y sutil
un sueño interminable;
fragmentos de jaspe flotando entre instantes vacíos;
partículas translúcidas adheridas al frío dulce de una tarde de idilio.
También tu cuerpo es ensueño, así, bajo el firmamento noctívago,
bajo las estrellas chispeantes
son esas horas vistiendo de luna tu piel,
las mismas que adornan el hálito de tu esencia elegante,
las mismas que vuelan libres con tu encanto gris
y tu atmósfera indiferente
siempre entristecida, siempre tú, siempre el perfume nostalgia;
acariciando como la lluvia, como el rocío que estruja la mañana
y vuelve cristal el suspiro invisible.
Así eres tú, flor nocturna, así son tus pétalos
y tu vástago y tu efluvio; así, mi dulce; dulce áster
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