jose villa
Poeta que considera el portal su segunda casa
lety quería casarse conmigo
o por lo menos que nos fuéramos a vivir juntos
"no soy una mujer exigente, villa
no me disgustan los borrachos
incluso yo misma me tomo un par de tragos de cuando en cuando
y me contentaría con sólo tener un cuartito donde vivir
con una cama y una silla y una mesa
un hornillo para cocer frijoles y calentar el agua
deberías pensártelo, villa
no soy bonita pero sólo tengo 22 años
soy muy limpia y ordenada
me gustan los hombres feos y puercos y cabrones como tú
te lavaría y plancharía tu ropa
te dejaría tranquilo cuando no quisieras hablar con nadie
incluso trabajaría y te compraría cerveza
y te juro que me dejaría hacer todo lo que quisieras hacerme"
en ese entonces yo andaba con el rabo entre las patas
la mujer que amaba me había dicho que dejara de joderla
que no me quería ni para escupirme a la cara
que le gustaba otro cabrón
yo me la pasaba borracho, desde luego
cuando me sentía muy hundido buscaba a lety
ella me repetía su oferta
"vámonos a vivir juntos, villa
yo te haré olvidar a esa puta"
al final no me junté con ella
ni siquiera llegué a cogérmela
-no me atraía fisicamente ni aun estando ebrio-
al cabo del tiempo me fui a vivir a guadalajara
allá conocí a otra fulana y estuve un tiempo con ella
me olvidé de lety y de sus ojos negros brillantes como ascuas
pasaron dos o tres años y volví al puerto
mi vida siguió yendo a la deriva
ahora vivía solo y mi alcoholismo se había agravado
incluso tenía episodios de delirium tremens
estaba completamente jodido
sobrevivía prostituyéndome ocasionalmente con gringas octogenarias
las puercas pagaban a 50 dólares el palo
-no ha sido lo peor que haya hecho-
un día me encontré en la calle con la mamá de lety
hacía tiempo que no tenía noticias de ella
la mujer iba toda vestida de negro
le pregunté por quién llevaba luto
así me enteré que lety había muerto hacía un par de meses
la habían encontrado en su cuarto una mañana
colgada de una viga del techo
había dejado una nota sobre la cama
"si aquí no encuentro a nadie que me quiera
tal vez allá del otro lado lo encuentre"
una tarde algún tiempo después le llevé flores a su tumba
no recé ninguna oración porque soy ateo
para mí los muertos no son nada
-quizás una mínima parte reciclada del entorno-
ni siquiera entendía para qué había comprado aquellas flores
un gasto inútil que sólo beneficiaba al vendedor de flores
las puse encima de la piedra bajo la que yacía lety
estuve pensando un rato en ella
traté de acordarme de cómo era su cara
pero ya no lograba evocar sus rasgos
sólo recordaba algunas de las cosas que solía decirme
que me quería y le gustaba mi forma de ser
-probablemente yo había sido el hombre de su vida-
también recordaba que no era bonita
y que no tenía tetas
quizás muriera vírgen
haberse suicidado fue desde luego una estupidez
se lo dije aquella tarde sentado sobre su tumba
no debiste colgarte, bruja
tenías apenas 25 años
debiste aguantar todavía otro poco
debiste haberme buscado
haberme dicho lo que te pasaba por dentro
tal vez hubiera podido ayudarte...;
luego me levanté y me fui
tenía cita para ver a sandy
-una jubilada de saskatchewan de 88 años-
los 50 dólares con ella eran dinero fácil
estaba tetrapléjica y no podía hacer gran cosa
yo enterraba la cabeza entre sus piernas y se lo hacía con la lengua
-diez minutos aguantando la respiración y asunto concluido-
me gustaba sandy
me gustaban su actitud y su valentía
su determinación de buscar el placer a toda costa
su nunca rendirse por más que la puta vida
se empeñara en buscar aplastarte
a lo mejor otro día escribo un poema sobre ella
este lo escribí en memoria de lety
y ella y sandy no tienen nada en común