El patrón,
el capataz,
negrero en algunos momentos,
inmisericorde en poquísimas ocasiones
pero generalmente razona y para bien.
Monopoliza las decisiones técnicas
de las veredas, rampas, martillos, pistas
y demás edificaciones municipales;
genera y soluciona los problemas del campo y almacén;
detesta la burocracia de la oficina y las computadoras,
mejor esta su cuaderno lleno de polvo y garabatos
a los cuadros de excel.
Confronta, discute y carea
hasta los limites de la racionalidad
cada pulgada, centímetro, metros cúbicos de los planos
con los ingenieros residentes y arquitectos,
y sin titubear lleva a cabo su cometido.
Solo se calla ante su jefe
y el resto se callan ante él.
Un ser humano, lleno de errores, defectos, horrores
que las obras publicas con sus materiales
saben sus secretos y los mantendrán hasta el final.
Empírico, locuaz, observador, juicioso, fregado
y de voz ronca difícil de imitar;
con dos o tres celulares a la mano
y dando indicaciones desde una Chevrolet
es el técnico de SGIOP.
el capataz,
negrero en algunos momentos,
inmisericorde en poquísimas ocasiones
pero generalmente razona y para bien.
Monopoliza las decisiones técnicas
de las veredas, rampas, martillos, pistas
y demás edificaciones municipales;
genera y soluciona los problemas del campo y almacén;
detesta la burocracia de la oficina y las computadoras,
mejor esta su cuaderno lleno de polvo y garabatos
a los cuadros de excel.
Confronta, discute y carea
hasta los limites de la racionalidad
cada pulgada, centímetro, metros cúbicos de los planos
con los ingenieros residentes y arquitectos,
y sin titubear lleva a cabo su cometido.
Solo se calla ante su jefe
y el resto se callan ante él.
Un ser humano, lleno de errores, defectos, horrores
que las obras publicas con sus materiales
saben sus secretos y los mantendrán hasta el final.
Empírico, locuaz, observador, juicioso, fregado
y de voz ronca difícil de imitar;
con dos o tres celulares a la mano
y dando indicaciones desde una Chevrolet
es el técnico de SGIOP.