Giaour
Poeta recién llegado
"Quédate hoy conmigo,
vive conmigo un día y una noche
y te mostraré el origen de todos los poemas…"
Walt Whitman
Solamente permíteme arrancarte veinticuatro horas,
tan sólo mil cuatrocientos cuarenta minutos,
si lo prefieres así.
Un sol y una luna nada más
y te enseñaré todo y cuanto sé.
Verás el epicentro de mi poesía
retorciéndose de dolor en cada verso.
Escucharás mi melodía favorita:
el silencio perpetuo de mi soledad.
Sentirás mi hambre,
sufrirás mi sed...
(Dormirás en mi lecho
y te haré el amor con los ojos abiertos).
Dame simplemente veinticuatro vueltas
completas de reloj
para contemplarte de cerca,
para impregnar mis labios de vos.
Vestirás mis camisas y mis jeans
y te sentarás junto a mi mesa,
compartiremos la necesidad...
Haré de cada uno de los
ochenta y seis mil cuatrocientos segundos
una eternidad duradera.
El universo rodará a nuestros pies
como un pergamino viejo y ajado
develando cada uno de sus secretos
para esconderlos de nuevo al día siguiente.
Concédeme un amanecer y un ocaso
para que compartas mi agonía,
para fundirnos con la certeza
de que nuestro Amor va más allá.
Confiéreme veinticuatro horas de ti;
para clavar en mi pecho tu angustia,
para sangrar por la boca tu llanto,
tan sólo mil cuatrocientos cuarenta minutos…
vive conmigo un día y una noche
y te mostraré el origen de todos los poemas…"
Walt Whitman
Solamente permíteme arrancarte veinticuatro horas,
tan sólo mil cuatrocientos cuarenta minutos,
si lo prefieres así.
Un sol y una luna nada más
y te enseñaré todo y cuanto sé.
Verás el epicentro de mi poesía
retorciéndose de dolor en cada verso.
Escucharás mi melodía favorita:
el silencio perpetuo de mi soledad.
Sentirás mi hambre,
sufrirás mi sed...
(Dormirás en mi lecho
y te haré el amor con los ojos abiertos).
Dame simplemente veinticuatro vueltas
completas de reloj
para contemplarte de cerca,
para impregnar mis labios de vos.
Vestirás mis camisas y mis jeans
y te sentarás junto a mi mesa,
compartiremos la necesidad...
Haré de cada uno de los
ochenta y seis mil cuatrocientos segundos
una eternidad duradera.
El universo rodará a nuestros pies
como un pergamino viejo y ajado
develando cada uno de sus secretos
para esconderlos de nuevo al día siguiente.
Concédeme un amanecer y un ocaso
para que compartas mi agonía,
para fundirnos con la certeza
de que nuestro Amor va más allá.
Confiéreme veinticuatro horas de ti;
para clavar en mi pecho tu angustia,
para sangrar por la boca tu llanto,
tan sólo mil cuatrocientos cuarenta minutos…
::