coral
Una dama muy querida en esta casa.
Mil motivos
Me llenaste de mil motivos
Para dejar de quererte
para rogar al Dios del cielo
la licencia de olvidarte
¡Olvidarte hasta mi muerte!
Motivos para no recordarte
en eso días de invierno
cuando se inundaban mis ojos
de ácidas lágrimas en silencio,
Sintiendo esas mariposas revoleteando
en el centro de mi pecho,
esperándote entre cuatro paredes
que formaron en sepultura mi lecho.
Mil motivos entre las lluvias y el viento,
entre las horas oscuras
y el sol que no acariciaba mi cuerpo
Me fui envolviendo entre mil sacramentos
de silencios y sequías,
envejeciendo mis huesos.
Susurrando en las mañanas
el porqué del inmenso sufrimiento
el porqué de tu sonrisa,
descarada, destilando hipocresía
caminando a hurtadillas
maldiciendo nuestras vidas.
Mil motivos
¡Para por siempre olvidarte!
para dejarte sin un pasado,
para no abonar los campos
con tu nombre rezagado.
Ahora, ¡ni me estoy muriendo!
ni en mis ojos lleven aguaceros,
ni en mi lecho siento el frío
y siento tibio mi cuerpo
bañando con los perfumes
cultivados en mi huerto.
Estos, son suficientes motivos
¡para seguir mi alma viviendo!
sin que eche de menos tus besos.
Prudencia arenas
Coral.
Me llenaste de mil motivos
Para dejar de quererte
para rogar al Dios del cielo
la licencia de olvidarte
¡Olvidarte hasta mi muerte!
Motivos para no recordarte
en eso días de invierno
cuando se inundaban mis ojos
de ácidas lágrimas en silencio,
Sintiendo esas mariposas revoleteando
en el centro de mi pecho,
esperándote entre cuatro paredes
que formaron en sepultura mi lecho.
Mil motivos entre las lluvias y el viento,
entre las horas oscuras
y el sol que no acariciaba mi cuerpo
Me fui envolviendo entre mil sacramentos
de silencios y sequías,
envejeciendo mis huesos.
Susurrando en las mañanas
el porqué del inmenso sufrimiento
el porqué de tu sonrisa,
descarada, destilando hipocresía
caminando a hurtadillas
maldiciendo nuestras vidas.
Mil motivos
¡Para por siempre olvidarte!
para dejarte sin un pasado,
para no abonar los campos
con tu nombre rezagado.
Ahora, ¡ni me estoy muriendo!
ni en mis ojos lleven aguaceros,
ni en mi lecho siento el frío
y siento tibio mi cuerpo
bañando con los perfumes
cultivados en mi huerto.
Estos, son suficientes motivos
¡para seguir mi alma viviendo!
sin que eche de menos tus besos.
Prudencia arenas
Coral.